foto de Luís Gabriel. Archivo Marca.
foto de Luís Gabriel. Archivo Marca.

A Jose Antonio Acuña Rial todos lo conocían como Chis. Era uno de aquellos jóvenes que comenzaban a fumar hachís y a experimentar con otras drogas, a finales de los setenta en Vilagarcía de Arousa. Chis era de Sanxenxo y allí, junto a otros amigos de Las Palmeras como los Chiruca o Chenano, montaron el pub Siete Colinas que se convirtió en el epicentro del verano en ambas rías, la de Pontevedra y la de Arousa, espacio de libertad y modernidad en la Galicia asfixiante y atrasada de entonces. De Chis, uno de los pioneros en bajar al sur para aprovisionarse de chocolate, se enamoró una joven arousana de nombre Adelaida que abandonó el hogar familiar y se fue a vivir con él.

Raúl Caneda, a quien Guardiola define como “un cerebro futbolístico privilegiado, del que he tenido la oportunidad de aprender“,  insiste en que todo empieza con Johan, con el holandés. A Raúl, los debates sobre estilos y modelos le aburren y simplifica “puedes hacer dos cosas; intentar ser mejor que el contrario o intentar que el contrario sea peor que tú. Crear o destruir, no hay más.“sentencia Raúl. Le aprieto respondiendo que la crítica antepone lo práctico a lo estético, que la gente quiere, ante todo, ganar. “¿Y quién ha ganado más en tu Barça que Cruyff y Guardiola?¿no es práctico, eso? Ah no, que lo práctico es Emerson y Diarrá, cierto“. Sonríe.

Una tarde, mientras Adelaida, Chis y los demás se entretenían fumando costo y charlando en casa de este, se presentó el padre de la joven, acompañado por el inspector de la Policía Local. Venían a llevarse a la chica y además, amenazaban a los demás con una denuncia por corrupción de menores. “No me voy. Tengo 18 años y anteayer se aprobó la mayoría de edad”. La chica era Adelaida Charlín. Con el tiempo, sus hermanos, Melchor y Manuel se unían a la pandilla del porro y rápidamente olfateaban el negocio que se presentaba ante ellos. Los dos jóvenes convencieron a su padre de lo beneficioso de cambiar el Winston de batea por las nuevas sustancias y como contaba Manuel  Jabois,  en su memorable artículo  Las patas machacadas de la nécora, entre los años 1991 y 1995 “el clan Charlín ya ganaba más de 400 millones de pesetas sólo en loterías y quinielas”.

Raúl está convencido de que se acabará imponiendo la idea de Cruyff, la necesidad de tener la pelota para jugar bien. El día que esto suceda, los que hoy desprecian al holandés y lo señalan como verdadero corruptor del alma culé, se morderán entre sí por izar la bandera de la nueva modernidad y venderla por fascículos. Raúl Caneda, que es de O Grove, te habla de lo que está por venir con la misma seguridad serena de aquel otro pionero, natural de Cambados que a finales de los setenta compartía partidas de cartas con la Guardia Civil, mientras se fumaba su canuto de hachís, en el bar Peñóns. “A ver cuándo coño vas a cambiar de tabaco, mira que es fuerte” protestaba el agente “Tranquilo, sargento, ya se irá acostumbrando, es tabaco holandés”.

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