neymarelvis

El 5 de Junio de 1956, Elvis Presley aparecía por segunda vez en el Milton Berle Show, programa que la NBC emitía desde sus estudios en Burbank, a las afueras de Los Ángeles. Entre bastidores y a poco de comenzar su actuación, el propio Berle se acercó a Elvis y le animó a actuar sin su guitarra, liberado para dar rienda suelta a toda su expresividad sobre el escenario. “Deja que todos te vean, hijo“. El terremoto que provocó aquella actuación pronto desembocaría en auténtica alarma social. Al día siguiente, el crítico televisivo del New York Times, Jack Gould apuntaba que “una de sus especialidades es un acentuado movimiento que imita, en forma primaria, el repertorio de las rubias explosivas de las pasarelas de cabaret“. En otra de las cabeceras neoyorquinas, la del Daily News, Ben Gross continuaba la línea despectiva de su colega  “Elvis llevó a cabo una exhibición sugestiva y vulgar, teñida de unos niveles de salvajismo que deberían ser exclusivos de los prostíbulos” demostrando, en mi opinión, una cierta fijación de los críticos moralistas de la costa este por los locales de alterne.

Neymar Da Silva Santos Junior es un futbolista diferente y los demás lo saben. Es una ley de patio de colegio, campo de gravilla o estadio cinco estrellas; todos reconocen inmediatamente al bueno. Los rivales se sienten desamparados y en inferioridad cuando salen a su encuentro, cargados de resignación y malas intenciones ante su incapacidad para siquiera estorbar al astro más allá de la propia inspiración de este y lo dejan patente en sus rostros, desencajados por la frustración y el sufrimiento. La facilidad de Neymar para desarmar contrarios está comenzando a crear cierta alarma social en el mundillo de los entrenadores de la vieja escuela que ven como sus hombres se derrumban antes los movimientos de pelvis del carioca como auténticas adolescentes quebradizas, abocando sus planteamientos a una suerte de samba que ni conocen ni pretender bailar. Por eso empiezan a surgir las primeras voces alertando de las malas artes del brasileño y reclamando castigos para su conducta inmoral, “por la gracia de Dios”.

Sus acciones y movimientos buscan avivar las pasiones sexuales de los adolescentes y los indicadores del daño que Presley hizo en La Crosse son las dos niñas de secundaria en cuyos muslos se pueden ver sus autógrafos”. De esta manera definía el diario de la congregación católica de La Crosse, entonces dirigido por John Edgar Hoover, la actuación de Elvis en la villa que daba nombre al condado y dónde sufrió el asalto a su camerino por parte de un par de miles de adolescentes desbocadas. Imagino que es así como deben sentirse los entrenadores corajudos como JIM, al entrar al vestuario y descubrir a alguno de sus fornidos muchachos guardando con mimo la camiseta del brasileño o escuchándoles suspirar en la ducha cómo casi logran rozarle en aquella jugada. “Definitivamente, Elvis Presley es un peligro para la seguridad de los Estados Unidos”, concluía la citada hoja parroquial. El diario Marca, que también tiene su punto parroquial, no me lo negarán, avisaba ayer del peligro y la inmoralidad latente del carioca. Parió la abuela.

La violencia es el único recurso que algunos conocen para competir contra el talento y esto es lo que busca esta campaña de tintes moralistas que comenzó con el resignado técnico del Celtic y ha desembocado con el mismísimo Mourinho en el centro de la escena, quizás animado por la reaparición de Mario Gotze tras el supuesto teatrillo con Ramires denunciado en Praga y que acabó con el alemán en el quirófano. Atribuirle cierta fama de mal deportista y peor compañero se antoja básico para que los colegiados consientan su caza con manga ancha y mira estrecha mientras esa logia de entrenadores de élite que se dedican solo a demoler la propuesta rival mantienen el estatus de su mentira, al menos una década más, aplaudidos por la crítica especializada.

“Antes de Elvis no había nada” aseveró Roberto Bolaño a Mónica Marestain en una entrevista en la que esta le dio a elegir entre el propio Elvis, John Lennon y Lady Di. Antes de Neymar Da Silva Santos Junior, es posible que tampoco hubiese nada, aunque lo pareciese. Larga vida a O Rei.

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