derbiclasico (2)

A los de provincias, y perdonen si levanto demasiado la voz, nos deben una explicación; ¿qué carallo es eso de ‘El Clásico’? Entiendo y respeto que, ustedes que tienen de todo, tengan también su ración de duelo fratricida con cierta solera y trascendencia mediática, de ahí la necesidad de ampliar el abanico de marcas con proyección y vendernos el nuevo apodo con pretendido y pretencioso lirismo. Pero sepan ustedes que, por insistentes que se pongan con sus periódicos, sus radios y sus canales de televisión, en Campelo, como en otros tantos pueblos y pequeñas ciudades de España y medio mundo, lo del sábado seguirá siendo ‘El Derbi’, mal que les pese.

Un Barça-Madrid es el único partido capaz de desatar la sinrazón entre familiares o allegados que, pese a todo y al final del camino, se velarán unos a otros en la más respetuosa intimidad y apesadumbrados, entre copas de aguardiente y empanada. Si se fijan en la letra pequeña que acompaña, el Clásico es poco más que una guerra de fogueo entre ambiciosas metrópolis con enormes cuentas de explotación mientras que, el Derbi, define la lucha fratricida que se instala junto al corazón de los hombres y mujeres de cualquier aldea, ya sea Vilardebós o Valladolid y va más allá del mero resultado de un partido; un verdadero asunto de honor. Un Derbi es un padre que no permite regresar al hogar a su hijo mientras no se arrodille y bese un felpudo con el escudo del Madrid o ese hermano que revienta una luna al coche recién estrenado del mayor para orinar sobre su cazadora merengue de licencia oficial. Incluso aquella madre que arruina con la plancha la blaugrana de su Rafiña, olor a chamusquina de alma negra y ultrasur, prueba que el nuevo concepto no basta para definir la verdadera trascendencia que alcanza, fuera de sus propias ciudades, el partido de partidos.

Rezuman más literatura las manchas de tabaco en la madera de cualquier taberna de pueblo que la nueva denominación de origen de los Barça-Madrid. Lo más parecido a un literato que tenemos en Campelo es Serafín el Fijo, pregonero actualizado al volante de su viejo Lada Niva, micrófono en mano y unos enormes altavoces repintados con brocha sobre el roído techo del 4×4. Un mito inalcanzable para ciertos periodistas con ínfulas que tratan de renombrar el Derbi de siempre con semejante plumaje. Un par de veces al año, entre fragmentos de ‘El negro no puede‘, el bueno del Fijo nos regala los oídos y la imaginación con un, este sí, verdadero Clásico. Subiendo la cuesta del muelle y después de que Georgie Dann desvele que los problemas del muchacho son de insomnio, Serafín se aclara la voz, corta la música y anuncia al respetable con perfecta entonación radiofónica: “El próximo domingo, en el estadio municipal de A Seca y a las cinco de la tarde, duelo de máxima rivalidad entre la S.C.D Campelo y S.C.D Campañó. Habrá pelea, como de costumbre“.

Foto publicada en Taringa

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