2758_4cartel sato

Lo de no hacer nada en los primeros días del año es una costumbre tan habitual en mi como dormir con calcetines, debo reconocerlo. Me gusta empezar el año con alardes y sin esfuerzos por lo que, derrochar días enteros en poco más que enterrar las buenas intenciones acumuladas en Diciembre, se me antoja una manera tan digna como cualquier otra de otorgarse algo de importancia y comenzar el año con cierta motivación. Además, el asunto obliga luego a saltar al campo en busca de la remontada, pulgada a pulgada, tambores de guerra, miradas al cielo y la heroica por bandera, ahí dónde siempre he ofrecido yo la verdadera medida de mis posibilidades; ninguna. Si algo no se me puede discutir es la regularidad, supongo.

Ya me gustaría a mi ser uno de esos tipos formidables que voltean la vida en veinte minutos, se  duchan y vuelven a casa con tiempo suficiente para componer una balada a su esposa. Bendita criatura, este Lionel, del que ahora sabemos que también toca la guitarra, inhumano perdido, si ustedes me consienten la licencia. Sospechamos que Leo es un caprichoso ingobernable. Intuimos que incluso el más zen de entre los hombres, Pep Guardiola, se hartó de sus excesos y puso tierra de por medio, mientras las leyendas sobre su corazón puro, de hobbit ejemplar, murieron el día que una multa de Hacienda convirtió La Comarca en paraíso fiscal. Y sin embargo, en Messi creemos y en sus manos estamos, por fortuna y por supuesto. El rugido con el que un desangelado Camp Nou saludó su regreso frente al Getafe, debió de encoger el corazón de Xavier Faus, el vicepresidente económico del club, de quién cuentan las malas lenguas se giró nervioso, ante semejante revuelo, para preguntar a Zubizarreta quién era “ese señor”.

“Ese señor” era y es Lionel Andrés Messi Cuccittini, el pequeño capo del fútbol mundial y en su ausencia hemos asistido al intento, tenaz y previsible, por inundar las paredes y los muros con imágenes de nuevos ídolos y falsos maestros, también las de su propia casa. El regreso de Leo me recuerda a una escena de Karate Kid II en la que Daniel Larusso y el señor Miyagui aterrizan en Okinawa para visitar al padre moribundo de este. En los pasillos del aeropuerto, un gran cartel llama su atención: Sato Hiyoko, enemigo declarado de Miyagui, anuncia su dojo de karate con una ilustración en la que se le ve destrozar un formidable tronco de madera de un certero golpe, muy en la línea de esas portadas vigorosas de la prensa de Madrid, los Tomahawks y las falsas leyendas. Aprenda karate con el maestro Sato. 40 años como instructor de policía militar americana”

– ¿ Y usted puede partir un tronco así?

– No lo sé. Nunca ser atacado por un árbol.

foto publicada en http://www.blu-ray.com

3 comentarios en “Ese señor y ese cartel

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s