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Al choque de trenes en el Calderón, se presentó el Barça con un comunicado de prensa bajo el brazo escrito por els coleguis de Neymar (@ColeguisNeymar ) y de allí salió con el título de invierno, que es aquella vieja bufanda de lana que protegía nuestros pescuezos hasta la llegada del profeta volador, ilusionados y abrigados durante el invierno para terminar ahogados con los primeros calores de la primavera, que es cuándo el Madrid solía cobrarse las deudas. Cruyff nos enseñó que, con apenas un ligero chal holandés, uno podía resistir el frío y aspirar a reír en las noches de verano, algo que apenas asociaba yo a ganar un partido nocturno, en la playa, frente a Pablete y toda la cuadrilla de madriles que veraneaban en Campelo. Con Johan, más allá de la idea de juego, dejamos de pedir bufandas a los Reyes Magos y explicaciones al Régimen para ponernos las Ray-Ban y mirar de cara al sol, sin disculpas ni lloriqueos. Y fue tanto el brillo desprendido que, en cierta ocasión, llegamos a deslumbrar a Buyo para que devolviese al campo aquella pelota que se iba fuera, como aquella Liga, lo cual agradeció Pier en el campo y Núñez en los palcos, con media tonelada de medallas de oro y brillantes del club rumbo a Tenerife y alrededores.

El partido, a mi juicio aburrido, me remitió a tantos y tantos duelos empeñados en dar la razón a quienes opinan que el fútbol es poco más que veintidós señores corriendo detrás de un balón. Ayer eran veintitrés, por que si algo hay que reconocerle a Mateu Lahoz es que corre más que nadie. Iniesta, que de un tiempo a esta parte es sospechoso de demasiadas cosas, se adueñó de la primera parte como suele. El de Fuentealbilla hace lo mismo que Zidane en su día y que, a su vez, sublimó John Balan en los escenarios y tabernas de referencia de las Rías Baixas; despistar al respetable con una mano mientras percute sobre la puerta con la otra. Le dieron varios golpes a Don Andrés y de uno de ellos salió la coartada perfecta para enmascarar lo previsto; se fue el manchego y entró Messi. Aquello puso fin a cualquier idea de dominar la situación y comenzó el tiempo de las amenazas; Leo y Neymar por el lado culé y Dani Alves y Jordi Alba por el colchonero. Por suerte, Simeone parecía estar anoche a otra cosa, a juzgar por su aspecto uno pensaría que lo mismo esperando un alijo, vaya usted a saber, y su equipo no aprovechó los continuos regalos de los laterales azulgrana, anoche cuatribarrados.

El marcador, como el algodón del mayordomo aquel, no engaña y de un empate a cero poco bueno se puede decir, salvo que Rexach y Vilanova se tomen un café mañana y resuelvan lo contrario. Quizás ayer el fútbol cambió para siempre y no lo sepamos hasta que nos lo cuente Joanjo Pallás, en Mundo Deportivo. A la espera de tal acontecimiento, nos queda el comunicado oficial del club para arrancarnos esa sonrisa que el equipo parece negarnos. Con el dinero que se habrán gastado los padres de estas buenas gentes que nos dirigen, en colegios y universidades, y ni siquiera han tenido el detalle ni el decoro de comenzar el chiste con un catalán y universal “¿saben aquel que diu?”… Un chiste y un punto no parecen mal botín para haber vuelto el invierno.

 

Foto publicada en rtve.es

Un comentario en “Un chiste y un punto

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