Johan_Cruijff_met_Japanse_fans

Lo cierto es que no hemos entendido ni una palabra, míster, para qué nos vamos a engañar. Siempre fuimos japoneses y no lo sabíamos, que es lo peor. Incluso llegamos a pensar que el japonés eras tú, quizás por que hablabas de manera un tanto extraña, con ese castellano tuyo tan singular y salpimentado por a saber cuántas lenguas más, alguna inventada, seguro. Ni una triste palabra, Johan, ni una sombra siquiera; nada.

Aterrizaste hace años, vistiendo una camisa azul y rodeado por una marea humana que te ofrecía a sus hijos, enfundados en la blaugrana y listos para el sacrificio, con improvisados dorsales de esparadrapo simulando el 14 a la espalda. Cuenta mi padre, creyente hasta abrazar la media melena y el cuello vuelto en sus tiempos mozos, que le devolviste la sonrisa a toda una afición deprimida, en temporada de ensueño durante la que te ganaste incluso la admiración de los rivales, al punto de que el abuelo Otilio consintió mancillar su bar con una pequeña tablilla en la que, junto a un corazón pintado en rojo, podía leerse: “Silencio; estamos saboreando los triunfos del Barça.”

Por suerte, volviste para dirigirnos a la victoria cuándo estaba a punto de solicitar la retirada del dichoso cartel que, nacido yo a finales de los setenta, comenzaba a parecer una broma de pésimo gusto, muriendo ya casi los ochenta. Te empeñaste en centrar nuestras atenciones en nuestro club, no en el rival. Les recordaste a los directivos, tan dados a creerse entrenadores, que su opinión a nivel deportivo no pesa más que la de un lechero o cualquier otro buen aficionado y, lo más difícil de todo, convenciste a una plantilla de veintidós futbolistas, de que abrazasen una idea totalmente revolucionaria y en la que solo creías tú, ni siquiera el segundo de entonces, ese mismo que dicen inventó el falso nueve tomando café.

Ahora, la gente nos mira raro, míster. Nos observan con el mismo asombro pavero con el que recuerdo mirar a la madre recién salida del coma en “Good bye Lenin!”, aquella a la que Daniel Bruhl hace creer que el muro no ha caído y siguen viviendo en la Alemania comunista. Obsesionados otra vez con el Madrid y la capital, votando presidentes que fichan a este u otro jugador y con los actuales creyéndose divinos e intocables, el socio y aficionado asegura seguir viviendo bajo tu doctrina. No nos lo tengas muy en cuenta, míster; en realidad, como te decía al principio, siempre fuimos japoneses lo que pasa es que nunca se nos advirtió.

 “Creo que está bien que nunca supiera la verdad, así murió feliz.”

Good bye, Lenin!

Fotografía publicada en  commons.wikimedia.org

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