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¿Saben qué? Cada vez me siento más cómodo con este Barça revisado, creo que es justo admitirlo tras meses martirizando al público con mis quejas y rabietas constantes; que si el juego es insoportable, que si los directivos mienten, que si los periodistas callan… Estaba ofuscado y les pido perdón, no volverá a repetirse. En realidad, así era el club en los años ochenta cuando, muchos de los que hoy levantamos el dedo para protestar, nos enamoramos locamente de él, a pesar del constante maltrato al que nos sometía. No lo dice Arturo Perez Reverte en ninguno de sus libros pero sospecha un servidor que Íñigo Balboa ya era del Barça antes de existir el mismísimo fútbol, pero esto es solo una sospecha mía, insisto.

Tras dos mandatos marcados por el cambio, seguramente despreciables por el exceso y la ostentación de títulos, puros habanos y champán, el seny cumplió con su parte y devolvimos el club a sus legítimos gobernantes, los auténticos herederos de quiénes forjaron nuestra lealtad a estos colores, a lo largo de tres décadas. Si de forma mayoritaria, como bien nos recuerdan a diario desde todos los frentes posibles, el socio votó por el regreso al pasado, ¿quién soy yo para poner el grito en el cielo por tal cosa? Nadie. En realidad, soy menos que nadie, apenas un estúpido que nunca aprende de las lecciones del ayer, como van a comprobar.

Con catorce años, harto del cine ambulante de verano y de las habituales sesiones de teleclub, mi amigo Javito y yo nos fugamos una tarde a Pontevedra, para disfrutar de un auténtico estreno en pantalla gigante. Vimos ‘Amantes’, de Vicente Aranda y ahí fue dónde perdí yo la cabeza por Victoria Abril de una forma terrorífica,  probablemente para siempre, aunque todavía es pronto para aventurar tal cosa, supongo. El caso es que, poco después, cayó en nuestras manos una copia de “La muchacha de las bragas de oro” y el asunto se complicó sobremanera, sobre todo cuándo Javito le pintó unas coquetas braguitas, con témpera amarilla, a una prima suya de Mallorca que solía dejarse hacer de casi todo, pero eso nunca lo supieron sus padres; lo de las bragas pintadas, sí.

De todo aquello aprendí una gran lección, más allá de comprobar el poco valor de una explicación sincera cuando de por medio se encuentra el trasero de una hija. La vida va de conformarse, de aceptar lo que te ofrecen sin rechistar y por las buenas, especialmente en el mundo del fútbol, no digamos ya en el del cine o la lencería femenina. Nos ciega el recuerdo del éxito como nos cegaron, a Javito y a mi, los destellos de aquella pintura dorada sobre las caderas de Victoria Abril, de eso tengo pocas dudas. Bien haríamos en asimilar que han regresado para quedarse, por indudable aclamación, los tiempos del esparto y el encaje ridículo, también al medio campo. Así es porque así lo decidimos en votación, estimado soci. Y si usted, como yo, no pasa de inconformista sin remedio ni futuro, lo mejor que puede hacer es marcharse a Munich, que es a dónde nos fugamos ahora los pervertidos de manual para consumir, en clandestinidad, fútbol de autor y otras drogas. 

“Aunque quisiese quitármelas no puedo, están pegadas.”

‘La muchacha de las bragas de oro’ de Vicente Aranda.

Foto publicada en elojoinfinito.blogspot.com

5 comentarios en “La muchacha de las bragas de oro

  1. Por Dios Cabeleira, no se nos venga abajo ahora, que es cuando más se le necesita. Íñigo Balboa y el Capitán, a no dudarlo. Como Bocanegra y Malatesta, y a pesar de lo siniestro, debieron ser de corazón blanco, que el Real ya era en esos tiempos mucho Real diga lo que diga la Historia…

    Además, tratándose de un gallego, dejarse caer por Munich es lo menos que uno puede hacer cuando aquí cuesta tanto llevarse algo a la boca; algo comestible, me refiero. Si además lo de “emigrar” hasta puede hacerse desde el sofá de casa, qué quiere que le diga: obligado debiera ser.

    Por lo demás pocas novedades: sigue usted escribiendo, para ser cantante, de la hostia! A no decaer, pues. Mis respetos, senyor.

  2. Pues si me hubiera ud. visto la cara, cuando vi a la Abril en pleno rodaje en mi Sitges natal… nadie en la pandilla comprendía aquello de verla con unas bragas pintadas… ay mi niñez…!!

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