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Una copa, solo una y aunque sea Copa con mayúsculas, como la del Rey, no sería un plan que me hiciese salir de casa un sábado por la noche, no, muy posiblemente ni siquiera un triste lunes, para qué nos vamos a engañar. Uno acepta el envite simple cuándo sabe que tras esas tres palabras en concreto, solo una copa, se ocultan las verdaderas intenciones de un interlocutor a quién ya conocemos los hábitos y la cojera, uno de esos amigos que siempre tiene algo muy importante que hacer al día siguiente, un juicio ineludible o su propia boda, por ejemplo, y no puede permitirse ni una más que la primera. Lo habitual suele ser acabar hombro con hombro y a las puertas del juzgado, sin poder recordar si uno debía presentarse a la cita con padrino o con abogado, y no sería la primera vez que alguien grita ¡qué se besen! al juez y a la fiscal, ni la última en que se solicite justicia para un compadre en pleno desposorio.

Para una Copa, presidente Bartomeu, y si este fuera todavía un club con cierta teología y geometría, que diría Ignatius. J. Reilly, no encontraría usted más acompañante que alguno de esos abueletes aburridos y con carnet que votan sí a todo lo que huele a naftalina, por pura nostalgia y el correspondiente bocadillo de longaniza, claro, que serán gente anciana pero también tienen hambre, como las meretrices de aquel famoso chiste. Ya me lo imagino a usted del brazo de un Señor Robichaux cualquiera del Barri de Sant Antoni, por ejemplo, o acompañado de una Miss Trixie que baile sardanas en Plaça Sant Jaume, encaramándose a los taburetes del ‘Noche de alegría’ y pidiendo un par de Dixies 45. ¡Menuda comedia, president! Lástima que ya la escribiese John Kennedy Toole.

Se rumorea en las portadas, pues en Barcelona gustamos de rumorear en primera página o en prime time, discretos pero sensibles con las necesidades informativas del pueblo, que de conquerir la Copa del Rey sería muy factible la continuidad de la actual junta directiva, la cual entregaría el mando del equipo a un entrenador alemán y acometería un ERE con mayúsculas entre la clase más acomodada de la plantilla. Lo del entrenador alemán me parece un acierto aunque no se sepa todavía si se trata de Klopp, de Low o quién sabe si de uno que entrene al equivalente germánico de Newells, qué más da; lo importante es que sea alemán, como las teles o los coches, una garantía según dice la Schiffer en un anuncio. Con Claudia sí que me iría a tomar solo una copa, ¿para qué más? Mejor no arriesgar el resto del sueño, ¿verdad?

Y si el sueño que tienen ustedes es el de una copa y a dormir, háganme el favor y salgan de mi puerta inmediatamente; esta es una casa decente. Aquí se viene a beber y soñar en condiciones; a emborrachase en los labios de la gloria y a bañarse desnudos con champán francés. Sí. He dicho champán, desnudos y francés, pueden apuntarlo. Para meterme en un antro oscuro de moqueta infecciosa, vasos sucios y licores dudosos, prefiero la magia de Toole y su bar de la calle Bourbon que este Barça de Bartomeu y Cía, tan real y doloroso como una visita al dentista cada mañana, tan disparatado y desquiciado que cualquier análisis de la situación sería digno de formar parte de uno de aquellos enormes cuadernos Gran Jefe, seguramente al lado del dibujo de un revolver.

Tras el periodo en el que el mundo occidental había gozado de orden, tranquilidad, unidad y unicidad con su Dios Verdadero y su Trinidad, aparecieron vientos de cambio que presagiaban malos tiempos. Un mal viento no trae nada bueno. Los años luminosos de Abelardo, Thomas Beckett y Everyman se convirtieron en escoria; la rueda de la Fortuna había atropellado a la Humanidad, aplastándole la clavícula, destrozándole el cráneo, retorciéndole el torso, taladrándole la pelvis, afligiendo su alma. Y la humanidad, que tan alto había llegado, cayó muy bajo. Lo que antes se había consagrado al alma, se consagraba ahora al comercio.

Esto es magnífico se dijo Ignatius, y prosiguió escribiendo apresuradamente.

La conjura de los necios, de John Kennedy Toole.

 

 

Ilustración publicada en http://www.slate.fr

 

 

 

3 comentarios en “Solo una copa, necios.

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