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Estaba cantado que el mejor libro sobre fútbol, en pleno boom de títulos sobre el deporte rey, lo acabaría escribiendo un tipo que de pequeño jugaba al baloncesto, lleva gafas, bebe alcohol y para colmo adora correr, como si se tratase de un vil fugitivo o de un medio centro voluntarioso. El último disparo reconocido de Juán Tallón es este ‘Manual de fútbol. Un libro en fuera de juego‘ en 127 páginas y sin una sola foto, editado por Edhasa. El libro no debe ser caro para todo lo que ofrece, yo no lo sé, pues con mi ejemplar me hice de una manera un tanto rocambolesca, quizás ilícita, no sabría muy bien qué decir, por eso prefiero contarlo de modo más o menos resumido y que sean ustedes quienes juzguen mi conducta desde su propia óptica, aunque sospecho no faltará quién justifique tan sórdido comercio; hay gente para todo.

Todo sucedió con motivo de la presentación del número 7 de la revista Jot Down, en Santiago de Compostela, a la cual me presenté bien acompañado, tarde, con una sed terrible y un peinado calamitoso, lo que me costó una primera mirada inquisitoria de Tallón, presentador del acto junto a Julián Hernández, líder de los Siniestro Total, quizás una segunda advertencia. Yo juraría que el bueno de Julián me confundió con Andrés Calamaro o algún otro desgreñado del panorama musical pues me hizo el gesto secreto que utilizan los músicos entre si para reconocerse y yo lo imité, más o menos como pude, aunque solo fuese por evitar dar ningún tipo de explicaciones. Para colmo, no había ni una sola silla vacía dónde sentarse así que me vi obligado a permanecer de pié durante todo el maldito sarao, y así comenzó a fraguarse mi nerviosismo y aquella tragedia que terminaría en hurto de manual, nunca mejor dicho.

La cosa iba de derribar mitos y allí estaba Juan despotricando del agua y las infusiones, ganándose al gentío presente con aquella anécdota en que un tío suyo llega borracho a casa y su familia trata de convencerlo de tomarse una manzanilla. “¿Es que no queda whisky en esta puta casa o qué?”. Yo con la risa tengo dos problemas; uno es que lloro y el otro es que oscilo, me balanceo sin control adelante y atrás como un péndulo, así que en uno de esos movimientos empotré mi culo contra el cuadro de luces y apagué hasta la última de cuantas iluminaban el local, provocando un cierto desconcierto. Yo intuía un montón de sombras que me escrutaban y las suponía indignadas, pues oía sus murmullos a mis espaldas mientras trataba de restablecer el alumbrado con más torpeza que acierto, claro, cada vez más nervioso mientras intuía la ira de los organizadores. Se hizo la luz otra vez y respiré un tanto aliviado, aunque me quedé un buen rato mirando a la pared, evitando cruzar la vista con nadie, simulando cierto interés por el estucado. No habían pasado ni diez minutos cuando, de modo incomprensible, todavía no me explico cómo, volví a repetir la desastrosa maniobra y la oscuridad inundó otra vez la sala.

Decidí salir de allí sin dejar rastro, aprovechando el negro embrollo y mientras salía, casi en cuclillas, me pareció escuchar a Tallón que protestaba, “no se te puede sacar de casa, machiño”, como si se lo esperase desde la mañana o desde el mismo día en que nos conocimos. Estaba tan avergonzado y desorientado que en lugar de abordar un bar y tomar rehenes mientras no se me sirviese algo frío, agonizando de sed, me metí en la parte de arriba de la librería, supongo que empujado por algún tipo de culpabilidad repentina, no lo sé. “¿Me da un ejemplar de ‘Manual de fútbol’, de Juan Tallón, por favor?”. La muchacha marchó solícita pero volvió enseguida; no quedaban ejemplares en las estanterías, algo que celebré interiormente por el aparente éxito de mi buen amigo. Me ofreció el que lucía en el escaparate, “si no tienes inconveniente, claro” y a mi me pareció bien incluso que me tutease. “Ahora viene mi compañera y te cobra; gracias”, me sonrió entregándome el pequeño gran libro. “Gracias a ti, chuliña; muy amable”.

A la de los cobros se le veía el oficio en la cara, pues me escrutó de arriba abajo en dos pasadas, como tratando de calcular las posibilidades exactas de que un tipo como yo llevase, al menos, veinte euros en la cartera. Entonces puse cara de llevar no menos de doscientos, para contrarrestar mi aspecto dudoso, pero en medio del duelo de miradas se coló una madre de esas que no admiten un no por respuesta, ni tan siquiera un sí, y reclamó la atención de la librera en exclusiva, preguntando por libros para un supuesto hijo. No sé cuánto tiempo esperé a que me cobrase, exactamente, lo único que recuerdo es que me moría de sed y quería beber cualquier cosa cuanto antes, aunque fuese agua, por eso cuándo vi aquella cara conocida en la acera de enfrente, con un botellín en una mano y un poemario de Rosalía en la otra, me abalancé sobre él como si me debiese dinero y lo siguiente que recuerdo, ya muy borracho, es al del poemario recitándole ‘Cantares galegos’ al portero de un after, a ver si así nos dejaba pasar.

Un libro robado, si es realmente bueno, y este lo es, no deja de ser una gran experiencia, nadie va ir exigiendo el ticket de compra cada vez que lo cites, y de “Manual de fútbol” vamos a beber hasta el final de nuestros días, al menos así lo tengo yo decidido. Cada anécdota relatada te conduce a un libro nuevo por descubrir, a otro autor por conocer, y estos te devuelven de repente al pasto, al segundo ingenioso de Mágico o a la sentencia incontestable de Néstor Rossi, el Pipo. Afrenta difícil de encajar, la de Tallón, para esa élite intelectual que sostiene la incompatibilidad de amar a Borges y a Godín, como si el fútbol y la literatura no pudiesen tocarse más que a escondidas por no avergonzar a la familia de ella. Este ‘Manual de fútbol’ se me antoja uno de esos libros nacidos para leer en cama ajena después de fumar, una obra de las de ‘abanícame el área, nene’, que diría el Bambino Veira. Un tesoro por cuyo hurto pido disculpas al autor, al editor y, por supuesto, al dueño de la librería Follas Novas; prometo devolverlo.

 

18 comentarios en “Cómo robar ‘Manual de fútbol’, de Juan Tallón

  1. Así que el de los efectos lumínicos eras tú…
    Te prometo que nosotras no te mirábamos mal (¿cómo íbamos a ver nada en esa oscuridad sueca en la que nos sumiste?), cuchicheábamos para intentar tejer un plan de robo (sí, nosotras somos de las que premeditan el mal): si volvía a apagarse la luz, asaltaríamos en tenderete de la entrada acabando con todos los suministros. Y volviste a apagar la luz… Pero estábamos tan perdidas en las palabras de Juan, que no quisimos perdernos ni un desvarío. Ya ves, todo en prol de una causa mayor.
    Eso sí, al salir yo también me pasé por Follas Novas para pedir un ejemplar de “Manual de fútbol” (y, dicho de paso, lo dejo caer aquí, una de nosotras quería sugerir como título “Manuel de fútbol”, para ensalzar el prologo de Jabois), pero la dependienta estirada (supongo que la cobradora), me informó con fingida amabilidad del agotamiento completo de ejemplares, mirándome como si fuera a pedirle, de forma tardía y patética, el segundo tomo de 50 sombras de Grey.
    En fin, toda esta perorata, además de querer recalcar lo bueno que es Tallón y lo irrenunciable que son sus escritos, tiene como fin decir que nos pudimos conocer. Pero no pasó. Igual es como un bus urbano, y sí que vuelve a pasar.
    Un saludo.

    1. En realidad fue todo a posta, pues yo gano mucho a oscuras, especialmente los viernes, pero se me fue de las manos de forma miserable, como casi siempre. Lo de poder conocerse y no hacerlo es algo terrible; llamaré a JotDown, a ver cómo lo solucionamos; que pongan a esa gente a trabajar y otra presentación al canto. Y #asuspies , claro.

      1. Pues cuándo llames a los de JD avisa y hacemos una de esas llamadas múltiples que están tan de moda (aunque a nosotras, que somos vintage por no decir viejorras, nos gustan más las cartas).
        No somos demasiado fetichistas, así que nos conformamos con poder estar a su altura. #somosfans

    1. Envidio tu suerte. Yo ya lo leí y nunca jamás podré tener esa fortuna que tienes todavía tú: leerlo por primera vez. Me queda releerlo, claro, que no es poco. Eso si cuando lo busque lo encuentro; hará falta que me acuerde entonces de que lo guardé en la “C” junto a Cervantes, y no en la “T” de Tallón. Algún día de Xoan Tallón dirán los libros que está entre los más grandes. Si no al tiempo.

      1. Suscribo plenamente tu valoración sobre el nivel de Tallón: es un escritor sensacional. Por cierto, ahora mismo estoy leyendo “El Madrid contado por madridistas” y me está fascinando.

      1. Yo estaba por proponerles a Tallón y a Rafa escribir una obra al estilo de la que estás leyendo tú, que podría llevar por título “Por qué no somos del Real. El Madrid contado por no madridistas.” El primer relato debería escribirlo Tallón, claro. Sería obligado que Rafa se ocupase de otro. Jabois (es madridista, ¿verdad?) oficiaría de nuevo un prólogo. Para los demás relatos ya encontraríamos voluntarios (algún palangana que yo me sé y unos cuantos culés más) Es cuestión de ir madurando la idea. Bueno, en un rato nos vemos donde el revólver. Saludos.

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