brigitte-bardot

 

A la final del Mundial se presentó Messi con la misma actitud con que afronta los partidos desde hace ya algunos meses, con las manos en los bolsillos y poniendo morritos cada dos por tres, como si fuese un concursante de reality show, o algún figurante por el estilo. Además de jugar al fútbol, comienza a parecer evidente que los noventa minutos reglamentarios no escapan al tiempo dedicado por Leo a sus nuevas inquietudes, sean estas las que sean, lo único medianamente claro es que pesan como losas y pueden llegar a provocar vómitos, como hemos comprobado en varias ocasiones. Tampoco se le exige otra cosa que no sea honestidad, si preguntan por mi opinión. Leo es uno de los cinco grandes de la historia del fútbol mundial y no necesita demostrar su virtud ni una vez más, si no le apetece. Ya no es solo cuestión de que sea Uno de los nuestros, es que se trata del maldito Tommy De Vito, maldita sea… ¡Por mi como si quiere disparar a un juez de línea!

Sostiene un buen amigo mío que Lionel simplemente está madurando y descubriendo otras inclinaciones, sin más. Según su parecer, Leo ha perdido cierta pasión por el sentido estrictamente lúdico del fútbol, ya no parece aquel muchacho que se pasaba horas y horas recortando a Marcelo y sentando a Casillas, cómo si cada vez fuese la primera y nada hubiese más divertido en la vida que aquello. Señala mi estimado la posibilidad de que, ahora mismo, Leo salte al campo con más sed de conocimiento que hambre de victoria, razón por la que invierte gran parte del encuentro en mirar al suelo y tocarse la barbilla, un gesto muy propio de librepensadores, eso sí es cierto. Cuesta creer que Messi se haya entregado a vicios tan obscenos e inconfesables como la filosofía, por ejemplo, pero resulta evidente que no hace tanto asemejaba un pequeño bisturí, tan preciso e incisivo que abría defensas de dos en dos mientras ahora pareciese sopesar, incluso, las razones por las cuales debería destrozar la fe de aquellos que lo aguardan confiados e inocentes, al borde del área rival.

De todas formas, y aquí quería yo llegar, lo que de verdad me llama la atención sobre Leo Messi es el envoltorio, las coloristas expectativas plásticas y las opiniones concienzudas que rodean cada una de sus apariciones, ya sea para jugar al fútbol o para disertar; críticos nos sobran en cualquier materia, faltaría más. Desde la distancia, no observa uno grandes diferencias entre quienes deseaban su derrota o su victoria, al menos en las intenciones últimas del capricho: muerte, muerte y más muerte. Si los unos querían aniquilar la leyenda del propio Leo Messi, los otros pretendían un triunfo que permitiese acuchillar sin compasión ni complejos a otras leyendas del fútbol mundial, comenzando por el pobre Maradona, cómo no. A veces pienso si sería Diego el viejo aquel a quién las madres acusaban de regalar droga en las puertas de los colegios, incluso el desalmado que enterraba jeringuillas con la aguja hacia arriba, en las playas, pues no se comprende tanta animadversión y desprecio hacia su figura, especialmente entre quienes lo disfrutaron engalanado con sus mismos colores. ¡Y luego el enfermo es él!

A propósito de dioses y enfermedades, me pregunto qué extraña afección o psicopatía empuja a ciertas personas a clasificar la divinidad de mayor a menor, como si la propia condición no luciese lo suficiente. No sé a ustedes pero a mi me asusta pensar que, entre nosotros, camuflados como respetables semejantes, se esconden tipejos de la peor estofa bien capaces de desterrar a Brigitte Bardot del Olimpo y justificar su decisión con flamantes argumentos de académico, como si la estupidez necesitase de alguna razón más que la reforzara; una calamidad como otra cualquiera, vamos. A mi no me busquen para estos juegos de funcionarios aburridos que se traen entre manos, ya se lo advierto; ni los entiendo ni me apetecen. La leyenda de Messi me resulta tan indiscutible como su desdén actual, y disfrazar una verdad con otra me parece tan arriesgado como discutir la eternidad a ‘Dos mujeres’, de Vittorio de Sica, o sostener que Sofía Loren podría volver a rodarla mañana mismo, solo con proponérselo y con idénticos resultados, sin necesidad siquiera del mítico director, ya saben: “con estos jugadores gana cualquiera” solía decirse, a propósito de dios…

“La Biblia enseña a amar a nuestros enemigos como si fueran nuestros amigosposiblemente porque son los mismos”.

Vittorio de Sica

 

Fotografía publicada en confesionesdeunacasualgirl.com

 

 

 

 

 

2 comentarios en “A propósito de dios…

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