tu-y-yo-la-guarida-de-kovack

Al debut de Luis Enrique en el banquillo se presentó el equipo disfrazado de Guardia Carmesí, la escolta personal del Emperador Palpatine. Sin recrearme excesivamente en el elogio, sí querría decir que el partido tuvo cierto efecto balsámico y el equipo parece asemejarse, al menos en ideología, a lo prometido por el propio técnico asturiano el día de su presentación, un conjunto “que recuerde al del pasado más glorioso y reciente”, el enésimo eufemismo discurrido para no mentar a Guardiola, por cierto. Más allá de unos conceptos de juego perfectamente ajustados al derecho blaugrana y el incipiente placer que me produce ver jugar a Samper, el de Huelva forma parte ya de ese puñado escaso de partidos que difícilmente podré olvidar jamás. Y todo por culpa de una lamentable anécdota que nada tuvo que ver con el duelo, a menudo el mejor modo de perpetuar un día cualquiera en la memoria.

En ocasiones, la función fijadora de la anécdota corresponde a un suceso terrible pero igualmente memorable, claro, como aquella noche en que Jose Mari Bakero jugó su último partido con la camiseta del Barça y mi compañero de piso sufrió un brote de esquizofrenia paranoide, después de cenar. Recuerdo que Cuco se fue a su habitación, a estudiar, y al regresar comenzó a alertarme sobre la grave situación del tercer mundo. Hablaba con gesto angustiado y su voz oscilaba entre desesperada e indignada. “Acabo de estar con Dios y me ha llevado a dar una vuelta por ahí, a ver miseria… Volando, cogido de su mano”. Lo curioso es que a mi no me sorprendió tal afirmación pues Cuco frecuentaba amistadas muy raras y estudiaba filosofía; a saber. El drama comenzó a resultar evidente cuando trató de convencerme de su dominio espontáneo del idioma chino y el alemán, también por la gracia de dios, y se concretó al comenzar a presumir de gran amistad con Julen Guerrero, ni más ni menos.

En cuanto a este pasado Sábado, quizás por la euforia de ver al equipo en la senda correcta o por esas cosas sorprendentes del verano, mi chica y yo decidimos abrir una botella de licor café. El asunto terminó como suelen terminar este tipo de licencias, supongo, a horcajadas, y en un momento concreto del envite me pareció escuchar una voz que me llamaba, dentro de mi propia cabeza. En principio lo achaqué al calor y al esfuerzo, así que seguí entregado al acto hasta que la voz sonó por segunda vez y entonces sí comencé a preocuparme; no solo sonaba nítida y cercana, además tenía acento gallego y se intuía cierta familiaridad. A la tercera, quizás por aquello de ser la vencida, comprendí sin ningún género de duda que alguien me estaba reclamando una explicación justo detrás de mi oreja, en el preciso instante en que mi compañera fingía un orgasmo, es de suponer, y yo palidecía recordando dónde había dejado el teléfono, justo antes de ponerme latino. “A ver, Cabeleira, qué. ¿Quieres algo o llamaste sin querer? Yo ya no sé… ¿Eh, machiño?”

No deberían buscar más intención, en estas cuatro líneas mal escritas, que evitar un daño mayor a mi ya maltrecha reputación e intentar, al menos, que el torpe incidente no salte a las páginas de nacional, que es dónde mi estimado colega escribe casi a diario sus columnas de opinión, muy celebradas tanto por la crítica como por el público, por cierto; no tiene ninguna necesidad. Por lo demás, poco o nada más que destacar en un debut, el de Luis Enrique, que parece tratar de alejarnos definitivamente del lado oscuro pese al dudoso carmesí, después de casi dos años de zozobra y ganar de cualquier manera, mentiras nuevas, viejas verdades y un coqueteo insoportable con el miedo, el primer paso conocido hacia el reverso tenebroso de la fuerza. “El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento…” Y el sufrimiento lleva al lado oscuro, la muerte y la destrucción, aunque por lo visto y por desgracia, no resta un ápice de cobertura a sus teléfonos móviles.

– ¿Sabes cuando sueñas que estás desnuda y todo el mundo te está mirando? 
– Sí, me encanta ese sueño.

Algo para recordar.

 

  Foto publicada en cine9009.blogspot.com

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