Así gana el Madrid

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Recién coronado campeón de Europa hace apenas cuatro días, el aficionado medio del Madrid se pasea estos días por Concha Espina navaja en mano, prevenido ante la reyerta fraticida que ya se intuye en el ambiente. Siempre ha sido así, al menos desde que Florentino Pérez ostenta la presidencia del club; siempre suenan tambores de guerra cuando tocan el pelo a la gloria, que para ellos es la vieja Copa de Europa y no el Gamper ¡Pásmense ustedes! Es tal la obsesión del equipo blanco con este torneo que, sin apenas reparar en ello, se ha convertido en el club más depresivo y derrotado de la historia, a pesar de ser quiénes ostentan mayor número de entorchados, diez. Ha fracasado en 49 intentos, alguno sin poder presentarse en la línea de salida, siquiera, dato que resulta escalofriante e inapelable, lo miren por dónde lo miren. Si prefieren observarlo desde otra óptica, juraría que más deprimente todavía, les diré que en 112 años de grandilocuente historia, el aficionado de raza del Real Madrid ha recibido el verano ensombrecido en 102 ocasiones, casi nada. Cierto que, hasta 1955, no se instauró el perverso galardón y el madridismo vagaba por los torneos nacionales como los castellano manchegos por Google, preguntándose ‘quién soy’, perdido y sin rumbo vital, pero no es problema que me ataña, como comprenderán; yo me limito a la fría y precisa estadística, la misma que revela sin ningún lugar a dudas que ésta es la verdadera leyenda del Madrid y la copa de Europa, la leyenda del Dragón y las mocitas.

¿Cómo gana el Madrid? Francamente, yo no lo sé. Me sucede lo mismo que a Camba en aquel periódico dónde trabajó durante un par de años y que, sostenía, se hacía solo. “Ordinariamente, los redactores nos reuníamos en torno de una mesa muy grande, pedíamos café y comenzábamos a charlar y fumar pitillos. Abajo estaban los talleres. ¿Por qué procedimiento se transformaba nuestra conversación en artículos y noticias? Yo lo ignoro; pero ello es que, a poco a poco, el periódico iba haciéndose”. Y así debe ser en el Real Madrid, hoy día. Yo me imagino la escena con Florentino y JAS bebiendo Terras Gauda y comiendo percebes, utilizando las uñas de los bichos despachados para improvisar sistemas de juego sobre un mantel impoluto, a modo de pizarra. Entonces seleccionan una serie de nombres apetecibles e introducen todos sus datos en un Bat-ordenador, que es quién decide si el futbolista ha nacido para jugar en el Madrid, aunque sea en las categorías inferiores. ¡Y así ganan! No mucho, sostengo yo, a tenor de la inversión, pero también es cierto que el dinero es suyo y pueden gastarlo cómo mejor lo deseen. ¿Qué es la Copa de Europa más cara de la historia? Seguro, pero ¿a quién no le gusta el lujo? 

– Ya no faltan más que dos páginas- decía el regente a las dos y media de la madrugada.

– Muy bien, muy bien- contestábamos nosotros-. Que traigan más café.

Y volvíamos a tomar café, a fumar pitillos y a discutir la política del día con nuevo ardor. Pasaba una hora y el regente reaparecía:

– ¡Tres columnas!- exclamaba.

– ¿Todavía tres columnas?

No me queda ninguna duda de que ahí reside la verdadera grandeza del Madrid: ganar sin que se sepa cómo, pero ganar. Mi padre dice que siempre fue así, que ganaban “incluso con once Garcías”, que es una de esas frases que se le quedan a uno grabadas de por vida. Miren por dónde, ganar una copa de Europa resulta para unos una tarea ardua y compleja, que exige de una hoja de ruta determinada, un almirante intrépido y una legión de corps entrenados desde la más tierna infancia mientras que, a otros, les brota el himno de la Champions de entre sus blancas y mitológicas posaderas, incluso en esos días en que los redactores jefe, Pérez y Sánchez, ni siquiera se presentan a trabajar.

“Y la rotativa giraba y giraba, y el periódico salía, y hasta es posible que saliese mejor que nunca” 

Foto publicada por el Pais.com

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“Yo adivino el parpadeo de las luces que, a lo lejos, van marcando mi retorno. Son las mismas que alumbraron, con sus pálidos reflejos hondas horas de dolor. Y aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor. La vieja calle donde el eco dijo: “Tuya es su vida, tuyo es su querer”, bajo el burlón mirar de las estrellas que con indiferencia hoy me ven volver”.

Messi 

Volvió el dueño del cuero, el abusón del potrero, el Lío. Como anticipaba Besa, en su artículo de ayer, parece que Messi ha regresado con ganas de romper platos, de levantar la falda a los defensas y salir corriendo sacando la lengua, como antaño; otra vez el Leo de patio de colegio, por fin. Se le vio conectado al partido y dejó varios heridos de gravedad en su orgullo de futbolistas, defensas grandes pero impotentes que se quiebran a su paso, como el cristal de Bohemia, y entonces piensan en abandonarlo todo y retirarse a Francia, a producir un meritorio Armagnac y reencontrar cierto sentido a sus vidas. Hizo dos goles con la suficiencia y la belleza de una patinadora rusa y dejó los gestos de libre pensador atribulado para otro momento, quizás para la hora del café, en su propia casa. Todos lo celebramos aunque no con la unanimidad de otros tiempos, eso también es cierto.

Portugal

Me gusta veranear en Portugal por muchas razones, una de ellas que me parece una oportunidad fantástica de visitar el extranjero sin salir de Galicia, aunque no la principal. Dejando a un lado la comida, que por estos meridianos se da por descontada, son sus meninas las que me tienen el corazón robado por mucho que se empeñen en desacreditar sus encantos legiones enteras de señores que, lo más cerca que han estado de una muchacha del país de Pessoa fue hace muchos años, cuándo Arévalo todavía nos representaba como nación, si es que en algún momento ha dejado de hacerlo.

Un gato negro

El gato era negro zaino y corría como si su concurso en el partido fuese decisión del propio Luis Enrique, encantado con su actitud esforzada durante los entrenamientos. Desde el palco, el malvado Bartomeu sonreía como si el minino fuera suyo y todo formase parte de un brillante y maléfico plan para conquistar el universo, los títulos y la reelección. Los supersticiosos temblaron y algunas redacciones de Madrid convocaron reuniones de urgencia para analizar de qué manera afectaba la aparición de un gato negro en el Camp Nou al proceso soberanista; es probable que haya novedades en las próximas horas.

Luis Enrique

Luis Enrique se sabe fuerte, intuye la debilidad de los dirigentes y siente el apoyo de la grada. A buen seguro, el asturiano necesita tiempo para que los futbolistas asimilen conceptos y adquieran automatismos pero la primera cucharada nos supo a gloria. El barco vuelve a tener un capitán, aunque sea uno de los marineros, y eso nunca fue mala cosa, sobre todo si los superiores se entregan al sueño y la bebida casi por norma, como en los mejores tiempos de la pesca artesanal. La grada coreó su nombre en varias ocasiones y pareció querer enviar un mensaje de advertencia a los jugadores: ‘Aquí manda papá’.

Portugal II

Llegamos a Ofir y decidimos tomar un café en el primer bar que vimos abierto. Allí estábamos, frente al mostrador, cuándo por una puerta apareció ella, con sus ojos oscuros y su seseo embaucador. Efectivamente tenía mucho pelo, una melena azabache capaz de destrozar lealtades entre hombres de medio planeta y un nombre por el que bien valdría la pena morir más de una vez. Conchinha comenzó a relatar toda la variedad de zumos disponible y Rocío, que conoce estos trámites y mis taras, entendió que el asunto iba para largo así que aprovechó para llamar a casa y confirmar que habíamos llegado bien, mientras yo me hacía el despistado y, por cada ‘ele’ que alargaba hasta al infinito, dulce y armoniosa, yo sentía la necesidad incontrolable de comprar otro de aquellos mejunjes de colores: limao, laranja, pessego, manga e morango, pura poesía.

Jordi Alba 

Por suerte para el bullicioso lateral, los especialistas prefieren vistosos mapas de calor para sus análisis que contabilizar los errores no forzados que cometen los futbolistas. A Jordi le sienta bien el rojo y se parece cada día más al ‘Hijo del viento’, sobre todo a la versión que anunciaba neumáticos para Moratti luciendo zapatos de tacón de aguja. “La potencia, sin control, no sirve de nada”- decía, ¿recuerdan?

Teixeira Vitienes

A Teixeira le gusta pitar las faltas sacando cadera, en pose clásica, casi de conquistador, aunque a mi me recuerda una barbaridad a Petronio, aquel consejero que animaba a Nerón a cantar. Pocas dudas deben quedar, a estas alturas, de que este señor nació predestinado para vestir el negro, ungido desde niño por unos apellidos que desaconsejaban cualquier otro oficio y dotado de aptitudes propias de un sheriff de serie B, de esos que van en carreta porque no saben ni montar a caballo.

Portugal III

Las vacaciones me las tomé como una especie de pretemporada, al fin y al cabo llegué con más falta de ritmo que de sueño, sobre todo por culpa de esa extraña alergia al trabajo que otras veces he comentado. Nada más llegar al hotel comprobé que el Barça sigue estando en boca de todo el mundo, quizás no con la admiración desbordada de años atrás pero sí con la máxima expectación. Andreia, que era la encargada del bar del hotel, preparaba unos Screwdriver que compensaron cualquier duda sobre el dinero invertido en aquel antro y por las noches me contaba las noticias del día, casi a modo de tortura: un día hablaba un ministro alemán sobre Qatar y sus amistades peligrosas, al otro habían condenado a Shakira por plagio, al siguiente se había lesionado Neymar… Mi pretemporada blaugrana en Portugal resultó ser, al final, un fado cantado por la dulce Andreia y mezclado con vodka y zumo de naranja, igual de exprimido que un eslogan que ya no engaña a nadie,  ni siquiera a una muchacha a la que no le gusta el fútbol porque su padre se ponía muy violento cuando perdía el Benfica.

Munir

Me pregunto cuántas camisetas por minuto podría llegar a vender este muchacho en un hipotético y nada deseable debut con el Real Madrid.

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Volvió el Barça a la Liga. Volvió la liga al Camp Nou. Y cuando el público explotó con saña contra un jugador del Elche, por retrasar un saque de banda, se constató una vez más la desidia de una afición que, tan globalizada como la que más, hoy día es del Barça, del Liverpool, de River, de los Pacers de Indiana, de los los Bills de Buffalo y de Coldplay, sin importarle demasiado ninguno de ellos ni cómo están dirigidos. Me permitirán que cierre este dislate con una reflexión del maestro Montalbán, quién en un artículo de 2002 publicado en El País y titulado ‘El jugador número 12 o 13′, decía algo así como: “Después de la dura constatación de que Joan Gaspart sigue siendo presidente del Barcelona y Van Gaal entrenador, los seguidores del Barça se dividen en dos: los responsables de que Joan Gaspart sea presidente y Van Gaal entrenador y los que no son del Opus Dei, perdieron la guerra civil en 1939 y todas las guerras civiles sucesivas, que, como suele suceder con este tipo de guerras, siempre las ganan los mismos”.

 

 

Fotografía publicada por La Vanguardia