El adversario

Leonel-Messi

El Barça se presentó en el campo del Levante como líder invicto e imbatido, y vestido de rojo carmesí que, a poco que uno se fije es color de nalga azotada, un tinte que resultó absolutamente premonitorio, a la vista del resultado final: cero a cinco. Cierto que el rival se dejó flagelar sin oponer la menor resistencia, casi se podría asegurar que consintió, y al terminar el partido no me costó imaginar a los jugadores granotas haciendo suyas aquellas palabras, agradecidas, de la esposa de Vernon, uno de los personajes del imaginario de Martin Amis. “Oh, Vernon, ¿no fue maravilloso? Oh, sí. Soy tan feliz. Ohh… Fuiste muy malo anoche, ¿sabes?”. A estas confesiones ya debe estar más que acostumbrado un Leo Messi que, sin llegar a ser democracia, propiamente dicha, resulta la cosa más democrática que existe sobre la faz de la tierra, además de la muerte, claro, pues todos los rivales resultan iguales ante sus ojos y ante su ley, que  no parecen ser de este mundo.

Tampoco resulta terrenal la plasticidad de Rakitic, más allá de sus censurables fobias. Decía Vázquez Montalbán, miren por donde, que los dioses del fútbol eran brasileños y croatas, y con porte divino, precisamente, cambia el juego este rubio balcánico, siempre en escorzo sutil y cortés para con el adversario, sin rastro de humillación ni desprecio en sus desplazamientos de balón. Rakitic juega al fútbol con la misma elegancia con que el General Spínola aceptó la rendición de Breda, apoyando una mano sobre el hombro del defensor que le entrega las llaves de la ciudad, amable y caballeroso. Si de mi dependiese, y aprovechando que ha salido a colación la obra de Velázquez, no me parecería exagerado que el croata luciese, a partir de ahora y en cualquier colección de cromos que se precie, a caballo, engalanado con una coraza negra, sombrero de ala ancha, banda de estado y el bastón de mariscal en la mano, señalando hacia la batalla, como el Conde Duque de Olivares pero con más seny y un buen golpeo de media y larga distancia.

Buen equipo este de Luis Enrique, que mantiene la sana costumbre de acudir en camisa blanca a los partidos. Amén de sus relojes de diseño, ayer azul con esfera negra, llama la atención, y se agradece, la tenacidad de Lucho en defensa de un color que, durante décadas, pareció maldito en el club y sus entornos, pues hasta ese extremo fuerzan algunos la mediocridad predominante. Vaya desde aquí una nueva petición en pos de una camiseta blanca con la que honrar a la ciudad “que lleva el nombre de nuestro querido club”, como dijo un ilustrado, esto por un lado, y por otro que nos aleje un poco más de tantos demonios blancos que apenas dan miedo si uno decide no mirarlos, se lo puedo asegurar. El adversario que, a mi entender, debería ocupar nuestros pensamientos en este momento, no es otro que el recuerdo del propio Leo girando sobre si mismo, en el centro del campo, y perdiendo la pelota frente al Chelsea de Di Matteo, con pocos compañeros a su espalda y las posteriores y catastróficas consecuencias, ya saben: el rojo carmesí, las nalgas azotadas, y la misma cara de tontos que si nos estuviese retratando Velázquez para formar parte de sus ‘meninas’.

“Deberían haber visto a Dios y en su lugar habían visto, adoptando los rasgos de su hijo bienamado, a aquel a quien la Biblia llama Satán, es decir, el adversario. “

‘El adversario’, E. Carrère.

 

 

Fotografía publicada en amqueretaro.com

 

¿Luna de qué?

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Señales

Uno sabe que el Barça vuelve a ser un equipo formidable cuando los columnistas más populares del periodismo patrio colorean sus espacios con espumas y estridencias varias, lo que a mi siempre me ha parecido una manera muy lícita de mirar hacia otro lado pero con más literatura, que una cosa es disimular y otra que no se note el oficio. Desde hace unos años, casi como una tradición, cada vez que el juego del equipo blaugrana emite señales positivas, aparecen extrañas columnas y editoriales en los principales medios de comunicación que nos sitúan frente a la verdadera magnitud de la tragedia; nos advierten sobre peligrosos diseños de camisetas, escalofriantes aullidos desde las gradas, intenciones oscuras, actos subversivos y contrabando, sobre todo mucho contrabando. Vaya por delante mi comprensión y mi ánimo; al fin y al cabo, el victimismo lo inventamos nosotros y no parece justo pretender llorar en exclusiva, como si los demás no tuviesen también derecho a decidir, incluso al pataleo.

Munir

¡Las manos de Del Bosque lejos de Munir!

Luna de miel

Cierto que solo se trata de una primera impresión y que, por lo normal, las fechas siguientes a cualquier enlace suelen parecer días de vino y rosas. Abundan las sonrisas, los guiños, las buenas palabras e incluso se podrían calificar como excelentes las prestaciones sexuales por ambas partes, como si los desposados necesitasen de un período de adaptación para caer en la cuenta de lo que acaban de contraer, verbo peliagudo dónde los haya, al menos así me lo parece. El aficionado culé le ha dado el ‘sí quiero’ a Luis Enrique, entregado, sin consultarlo con la familia ni con los astros, y se pasea por la liga levitando, sin apenas tocar el suelo ni reparar en los enemigos que acechan abajo, entre las sombras, ni siquiera en los albinos Targaryen y su nueva legión de dragones de diseño, ni tampoco en los grizzlies del Manzanares. Dicho lo cual, es importante advertir que la sensación de felicidad presente en una luna de miel puede tener algo de ficticia, incluso diría que de peligrosa, como descubrieron mi amigo Alfonso y su esposa cuando se dejaron caer sobre la cama de su hotel, en Tenerife, embriagados por lo que ellos creyeron éxtasis marital y que, a la postre, resultó ser una sobredosis de heroína de la que los salvó uno de los botones, a mi entender, en una demostración tan excesiva como oportuna de auténtico celo profesional.

Messi y el derecho a decidir

A la espera de lo que tengan que decir el sindicato Manos Limpias o el Tribunal Constitucional, Messi sigue empeñado en su derecho a decidir. Y decide. Sin más, como quién chupa un polo. Si me lo preguntan, yo prefería al Messi que apabullaba al rival en los primeros veinte minutos y dejaba el partido prácticamente cocinado, apenas a falta de un último golpe de calor y salpimentar, a veces ni siquiera eso. Ahora parece que ha invertido el proceso y dedica buena parte del partido a observarlo todo sin levantar la voz, como quién no lo tiene en casa, hasta que alguna alarma interna empieza a emitir señales y entonces sí; entonces Leo traza una raya con la punta de la bota y dice “hasta aquí, che”. Y, efectivamente, hasta allí. Así van ya tres partidos, o al menos así lo veo yo, sin osar poner en duda que veinte minutos de un buen Lío son más que suficientes, pero un tanto preocupado porque sean los últimos y no los primeros, que siempre otorgan cierto margen de maniobra, especialmente en las frías noches de Europa.

Pedrito y diez más

Es el primero en presionar, nunca pierde un balón y siempre hace lo que le manda su entrenador. Por eso Pedro Rodríguez juega siempre y quizás también por eso, porque trabaja para los demás sin decir nunca esta boca es mía, resulta siempre el primer señalado por una afición que solo parece capaz de reconocer el lujo si se lo explica el propio entrenador. Seguro que no tardará Luis Enrique en quitarnos las ganas de apuntar con el dedo a uno de los veinte mayores mitos de nuestra más que centenaria historia, pese a quien pese.

Carlo y los meses con erre

Ni con la Décima se le ha quitado a Ancelotti cierto rictus de Pazos, el personaje que interpretaba Manuel Manquiña en ‘Airbag‘, y para otro día reservo la teoría de mi querido Nacho Carretero sobre el parentesco entre gallegos e italianos, por no causar más confusión que la estrictamente necesaria. Carlo va camino de terminar su etapa en el Real Madrid entre explosiones, con la cara llena de hollín y llamando a casa por el móvil. “¿Marianniña? Oye, dejo ésto ¿eh? Es muy estresante… Interesante no, mujer, estresante”. Y es que ya se sabe que italianos, en este tiempo, resultan complicados. Los suyos son los meses sin erre, como el marisco de fuera; Mayo, Junio, Julio… ¡Ay, mariñeiriños!

Acción de Responsabilidad

“Me gusta andar bajo la lluvia. Pero es mala para el amor”,  Catherine Barkley en ‘Adiós a las armas’.

 

Fotografía publicada por business.fcbarcelona.com

 

 

Campeones de liga y otras cosas.

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Campeones de Liga

El Barça ganó la Liga ayer, en el Madrigal, apenas disputada la segunda jornada del presente curso y con menos dificultades de las que cabría esperar al comenzar el campeonato, en aquellos días ya lejanos de la semana pasada. El Barça siempre ha sido así, qué decir; tan capaz de sumergirse en una travesía desértica de más de un lustro como de asegurarse la liga en los dos primeros partidos, sin necesidad siquiera de ganarlos. Todavía sigue fresco el recuerdo de lo sucedido en 2008, cuando tras caer derrotado en Numancia y empatar en casa contra el Racing de Santander, los más despiertos aficionados se fueron directos a Canaletas, a celebrar seis títulos uno tras otro y todavía en camino, pero asomando ya la gloria por debajo de la puerta, la pata blanca que daba gusto verla. Si me lo preguntan, yo abogo por ahorrarnos el trámite de las treinta y seis jornadas restantes, no hacer más sangre y que el trofeo nos sea enviado por correo ordinario o algún otro servicio de mensajería, especialmente por evitar más molestias innecesarias y, sobre todo, más gastos. ¿Para qué?

Xabi Alonso

Me gusta imaginar a Xabi Alonso levantando la cabeza, una mañana cualquiera de estas últimas semanas, y analizando el panorama que lo rodeaba. – Xabi, chuliño… ¿Quién va a correr aquí? ¿tú, con treinta y tantos?- supongo que se preguntó. Así que se puso el traje de leñador, la camisa de cuadros y se fue con Pep Guardiola a Munich, dónde la esforzada maratoniana es la pelota y tú solo tienes que limitarte a contemplarla y ofrecerle una cierta orientación, casi como a un hijo, nada que ver con el estrés de perseguirlo constantemente, con el ceño siempre fruncido y alejándolo de tu vida al patadón, sin ningún tipo de cariño ni tan siquiera de contemplaciones.

Entrevistas

La mañana había amanecido con sendas entrevistas del presidente Bartomeu a los dos principales diarios deportivos de la ciudad, como si fuesen hermanos gemelos y hubiese que medir bien los afectos por aquello de los celos. Entre otras cosas interesantes, Bartomeu nos confirmó que en el Barça nadie juega por dinero, como todos intuíamos, orgullosos. Y es que por dinero, bien sabido es, solo se juega en el Real Madrid, dónde se sospecha que incluso los del baloncesto cobran también por enredar, en plena deriva remuneradora. Lo de trabajar sin cobrar me recordó al periodismo actual, por un lado, y al loro Ravachol por otro, un verdadero mito de la Pontevedra antigua que pese a su condición de ave común, más allá de sus peculiaridades, se podría decir que atendía él solo una botica, sin más nómina que el alpiste y que, según cuenta el nieto de Jabois ‘o vello’, se permitía el lujo de llamar ‘puta’ a Doña Emilia Pardo Bazán.

Chicharito  y el dragón

Qué gran ocasión para recordar aquellas tardes maravillosas con nuestros libros de El barco de vapor, ¿verdad? Mi favorito era ‘El pirata Garrapata’, y sospecho que el de varios miembros más de la junta directiva actual, también.

La liga de Sandro

Marcó un chaval canario que siempre se presenta a sus citas con el gol muy bien peinado, puntual y al espacio, como si fuese todo un veterano en tales artes. Asombra su inteligencia sobre el campo, nunca le falta un movimiento ni le sobra un mal esfuerzo, y está equipado con un rifle de asalto en cada pierna. Dice mi padre que tiene algo de asesino italiano, capaz de descerrajarte seis tiros y luego atusarse el cabello sobre el reflejo de sus mismos zapatos, siempre impolutos. Además de certificar un nuevo título con su gol, el niño Ramírez obró una suerte de pequeño milagro, a su manera, y por fin, tras una larga y cruenta guerra, la afición culé firmó un ‘alto el fuego’ y todos juntos corearon un nombre que muchos habían jurado no volver a pronunciar jamás: ¡Sandro, Sandro, Sandro!

¿Y el Atleti?

Pues como dice mi querido Manu de Lorenzo, el gran @october_ lee para las masas enfurecidas y los pagos sin factura, “Tallón, sé Koke”.

 

Foto publicada por la República.