2011-07-09_CASAMIENTO_07.v1316010119

Señales

Uno sabe que el Barça vuelve a ser un equipo formidable cuando los columnistas más populares del periodismo patrio colorean sus espacios con espumas y estridencias varias, lo que a mi siempre me ha parecido una manera muy lícita de mirar hacia otro lado pero con más literatura, que una cosa es disimular y otra que no se note el oficio. Desde hace unos años, casi como una tradición, cada vez que el juego del equipo blaugrana emite señales positivas, aparecen extrañas columnas y editoriales en los principales medios de comunicación que nos sitúan frente a la verdadera magnitud de la tragedia; nos advierten sobre peligrosos diseños de camisetas, escalofriantes aullidos desde las gradas, intenciones oscuras, actos subversivos y contrabando, sobre todo mucho contrabando. Vaya por delante mi comprensión y mi ánimo; al fin y al cabo, el victimismo lo inventamos nosotros y no parece justo pretender llorar en exclusiva, como si los demás no tuviesen también derecho a decidir, incluso al pataleo.

Munir

¡Las manos de Del Bosque lejos de Munir!

Luna de miel

Cierto que solo se trata de una primera impresión y que, por lo normal, las fechas siguientes a cualquier enlace suelen parecer días de vino y rosas. Abundan las sonrisas, los guiños, las buenas palabras e incluso se podrían calificar como excelentes las prestaciones sexuales por ambas partes, como si los desposados necesitasen de un período de adaptación para caer en la cuenta de lo que acaban de contraer, verbo peliagudo dónde los haya, al menos así me lo parece. El aficionado culé le ha dado el ‘sí quiero’ a Luis Enrique, entregado, sin consultarlo con la familia ni con los astros, y se pasea por la liga levitando, sin apenas tocar el suelo ni reparar en los enemigos que acechan abajo, entre las sombras, ni siquiera en los albinos Targaryen y su nueva legión de dragones de diseño, ni tampoco en los grizzlies del Manzanares. Dicho lo cual, es importante advertir que la sensación de felicidad presente en una luna de miel puede tener algo de ficticia, incluso diría que de peligrosa, como descubrieron mi amigo Alfonso y su esposa cuando se dejaron caer sobre la cama de su hotel, en Tenerife, embriagados por lo que ellos creyeron éxtasis marital y que, a la postre, resultó ser una sobredosis de heroína de la que los salvó uno de los botones, a mi entender, en una demostración tan excesiva como oportuna de auténtico celo profesional.

Messi y el derecho a decidir

A la espera de lo que tengan que decir el sindicato Manos Limpias o el Tribunal Constitucional, Messi sigue empeñado en su derecho a decidir. Y decide. Sin más, como quién chupa un polo. Si me lo preguntan, yo prefería al Messi que apabullaba al rival en los primeros veinte minutos y dejaba el partido prácticamente cocinado, apenas a falta de un último golpe de calor y salpimentar, a veces ni siquiera eso. Ahora parece que ha invertido el proceso y dedica buena parte del partido a observarlo todo sin levantar la voz, como quién no lo tiene en casa, hasta que alguna alarma interna empieza a emitir señales y entonces sí; entonces Leo traza una raya con la punta de la bota y dice “hasta aquí, che”. Y, efectivamente, hasta allí. Así van ya tres partidos, o al menos así lo veo yo, sin osar poner en duda que veinte minutos de un buen Lío son más que suficientes, pero un tanto preocupado porque sean los últimos y no los primeros, que siempre otorgan cierto margen de maniobra, especialmente en las frías noches de Europa.

Pedrito y diez más

Es el primero en presionar, nunca pierde un balón y siempre hace lo que le manda su entrenador. Por eso Pedro Rodríguez juega siempre y quizás también por eso, porque trabaja para los demás sin decir nunca esta boca es mía, resulta siempre el primer señalado por una afición que solo parece capaz de reconocer el lujo si se lo explica el propio entrenador. Seguro que no tardará Luis Enrique en quitarnos las ganas de apuntar con el dedo a uno de los veinte mayores mitos de nuestra más que centenaria historia, pese a quien pese.

Carlo y los meses con erre

Ni con la Décima se le ha quitado a Ancelotti cierto rictus de Pazos, el personaje que interpretaba Manuel Manquiña en ‘Airbag‘, y para otro día reservo la teoría de mi querido Nacho Carretero sobre el parentesco entre gallegos e italianos, por no causar más confusión que la estrictamente necesaria. Carlo va camino de terminar su etapa en el Real Madrid entre explosiones, con la cara llena de hollín y llamando a casa por el móvil. “¿Marianniña? Oye, dejo ésto ¿eh? Es muy estresante… Interesante no, mujer, estresante”. Y es que ya se sabe que italianos, en este tiempo, resultan complicados. Los suyos son los meses sin erre, como el marisco de fuera; Mayo, Junio, Julio… ¡Ay, mariñeiriños!

Acción de Responsabilidad

“Me gusta andar bajo la lluvia. Pero es mala para el amor”,  Catherine Barkley en ‘Adiós a las armas’.

 

Fotografía publicada por business.fcbarcelona.com

 

 

2 comentarios en “¿Luna de qué?

  1. A mí me gustan Martino y Alexis, a ti Tata y Luis Enrique. Nuestra relación sería austeniana y más tras leer esto: “Uno de los veinte mayores mitos de nuestra más que centenaria historia, pese a quien pese”.

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