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El partido orillaba desequilibrado hacia el descanso cuando Leo Messi decidió parar el tiempo y meter un gol con la mano, aunque en la tele pueda parecer otra cosa. En realidad, no es la primera vez que lo hace, ya está casi demostrado, y sospecho que tampoco será la última por la galopante adicción que sufre el equipo a sus milagros. Se sabe poco sobre el cómo pues, a primera vista, nadie intuye el gol por ninguna parte hasta que ya ha subido al marcador, y algunos analistas sospechan que pueda tratarse de una especie de mutante. Incluso hay una corriente que, asegura, pudo Leo llegar a la tierra a bordo de una extraña cápsula, hace muchos años, y que en Barcelona lo enseñaron a sacar provecho de sus súperpoderes, oculto en un viejo granero de la Masía, pero no está demostrado. Sobre el porqué, no hay respuestas. Solo podemos aventurar que, al menos en su reacción fulminante de ayer, pudo influir la visión vergonzante de tener que marcharse hacia el vestuario perdiendo contra el Espanyol, al que terminó de ajusticiar en la segunda parte con la siempre estimable colaboración de un par de viejos compinches, ahora perseguidos en varios estados por falta de tinte y tatuajes: Andrés Iniesta y ‘Pedrín’.

Contaba Vázquez Montalbán, en uno de sus artículos para El País, cómo él descubrió el barcelonismo a través de un pequeño cartel expuesto en una panadería frente a su casa, de pequeño, y en el que aparecía un dibujo del legendario Samitier regateando a un rival desconocido pero ataviado con los colores del Español de Barcelona, cuando todavía albergaba una sola paradoja en su nombre. Y esto último lo digo yo en tono distendido, por supuesto, no el creador del culé más perfecto que hayamos conocido jamás: el detective Pepe Carvalho. En su honor, en el de Pepe y Don Manuel, yo suelo quemar un periódico en la lareira cada Domingo, (los libros están carísimos y tampoco es cuestión de plagiar, como comprenderán), y el resto de la semana recaliento la comida como cena. También relata que en el Raval no se podía cantar La Internacional, ni Els segadors, “pero sí cantábamos, en riguroso charnego: si a tu ventana llega una paloma, trátala con cariño que es del Barcelona. Si a tu ventana llega un musol, fótali cop d’estaca, que es del Espa-nyol”.

Por alguna razón que no acabo de comprender, el culé enfurecido malgasta hoy su ira en los asuntos del Real Madrid y la capital, desatendiendo la casa propia y lo que es más importante: la del vecino. Como en cualquier ámbito de la vida, y si realmente hay un archienemigo a batir, cosa que dudo, debería ser este el semejante más próximo y no una señorita cualquiera de Madrid o de Albuquerque, por mucho que haya decidido tatuarse el muslo irredento de Cristiano Ronaldo en el pecho; insisto en que ni es provocación ni nos incumbe. Uno espera, y lo digo de corazón, que de los campos de fútbol se aparte el insulto institucionalizado, así como otras conductas violentas que no llevan a nada bueno: no me parece un mal principio para corregir algunas taras pendientes de la sociedad. Pero si algún día tiene Antiviolencia que llamar al orden, o cerrar una parte del Estadi por insultos a terceros, espero que podamos alegar como atenuante que nos movieron los marcos, al menos, o que nos rociaron las flores con orín pero nunca que nos dan miedo nuestros propios fantasmas, como a esos diecisiete barítonos acomplejados recién expulsados del Bernabeu.

Hablando de fantasmas, dijo Luis Enrique que si se empieza a expulsar de los estadios a todo el que insulte, se quedarán solos. Una vez más, la capacidad del asturiano para entender la realidad que le rodea queda en entredicho pues, como entrenador de la Roma, pudo pasear su imagen casual por toda Italia y comprobar, no hace tanto y de primera mano, la triste realidad de la gran mayoría de sus estadios: mucho cemento en los laterales y unos cuantos miles de fanáticos violentos en los fondos. Si es el tipo de compañía que reclama Luis Enrique, también en eso está muy lejos de los preceptos del cruyffismo y aquellos tiempos en los que ganábamos, sonreíamos con tanto cinismo que resultábamos incluso atractivos, y encima nos mofábamos de rival con ingenio, demostrando que se puede meter el dedo en el ojo sin necesidad de incluir a las madres en esto. Aquel “vete al teatro, Mourinho vete al teatro” debería ser la línea a imitar en las futuras gradas de animación, incluso este otro que tanto gusta a mi amigo Luis Espuny, el malvado supervillano conocido como Miguelito: “¡Vete al puto ateneo, Cabeleira, vete al puto ateneo!”. No negaré que sería mi gran sueño, sin duda: champán en el Estadi y un enorme cartel en castellano que rezara: ‘Silencio, se juega’.

 

Fotografía publicada en espn.uol.com.br

3 comentarios en “El mutante, Montalbán y el ateneo Cabeleira.

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