El profesor Godín

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Hay algo casi científico en la forma en que Godín golpea a sus adversarios, como si en lugar de duras tarascadas lanzase complejas hipótesis, ocupado en defender un teorema y no una triste portería. El público, por lo general, tiende a creer que una patada es siempre fruto de la desesperación o la simple frustración, cuando no el reflejo del más vil embrutecimiento de la sociedad, en general. Pero en el caso del central del Atleti todo es calculado y metódico; no hay azar ni fortuna en la violencia ejercida y en lugar de llanto y dolor, uno se encuentra a su paso apenas con el rastro de unos pocos números decimales que se le han ido cayendo por el camino, sobrecargado por tanto cómputo.

El único error posible en los cálculos de un severo hombre de ciencia como el uruguayo, solo puede proceder de una variable incontrolable como Messi o de una incógnita mal despejada en un momento puntual, como sucedió ayer con su adjunto, el Dr. Juanfran. Su penalti, digno de un poema como el de Alberti a Platko pero escrito por Camba, con mucha retranca, me recordó a cierto examen de física que suspendí en bachillerato, y también al profesor encargado de corregirlo, Don Ramón. El caso es que llegado a un punto concreto en el desarrollo de cierta ecuación, y agotadas ya todas las ideas perpetrables contra aquella maldita incógnita, opté por copiar; al fin y al cabo, no tenía nada que perder. Como ya por entonces era persona de esfuerzos cortos y discontinuos, eso sí, me limité a fusilar el resultado de mi compañero de pupitre, sin más. Y así, equis resultó ser igual a cero, de repente y como por arte de magia.

Don Ramón era un militar de la Marina en la reserva, de origen vasco y el gesto algo bronco. Apretaba tanto las mandíbulas al hablar que las palabras apenas podían filtrarse entre sus dientes, y las venas del cuello se le tensaban como la cuerda de un arco, o las estachas de un puerto mal abrigado, cuando subía la voz. Sin embargo, más allá de su apariencia de ogro vizcaíno, Don Ramón era un hombre dotado de un fino sentido del humor, muy agudo, y al que gustaba salpicar sus explicaciones con ironías y metáforas divertidas, ya no digamos la evaluación de los exámenes. En aquella precisa ocasión, cuando me devolvió el ejercicio de marras corregido y puntuado, su apunte junto a mi filigrana matemática no me pudo parecer más certero y apropiado: “Buena jugada, Rafael, pero este despeje ni Koeman“.

Tratar de engañar a un perro viejo como Don Ramón y de un modo tan burdo como lo intenté yo, casi desesperado por aprobar alguna asignatura en aquel trimestre negro del 93, no resulta tan fácil como burlar a gran parte del aficionado culé, al menos en la actualidad, empeñado en adorar y proteger a su equipo como si fuese la ‘Princesa’ de Serrat cuando, hace ya mucho tiempo, se convirtió en la otra ‘Princesa’, la que puteaba a Sabina, como me enseñó una vez mi estimado Juanan Salmerón. Más allá de la inspiración de Messi, Iniesta o Neymar, este Barça de Luis Enrique ofrece poco más que un combate cuerpo a cuerpo entre dieciséis cuerdas en el que algunos afirmar vislumbrar, por enésima vez, una evolución del Barça de Guardiola. Menuda vaina, mi Teniente…

Nos queda la vuelta, al menos para decidir el resultado de la eliminatoria y disfrutar de una nueva clase magistral del Profesor Godín: el ilustre uruguayo que determinó el valor de una Liga a cabezazos y el peso exacto de Messi en un entorno carente de gravedad. Si, en este país, todavía quedase un mínimo de decencia y cierto sentido del espectáculo, a la vuelta se presentaría Don Diego en el Calderón con túnica y birrete, como un catedrático, mientras de fondo suena “Y ahora comienza el rock and roll“, uno de los supuestos éxitos de The Garb, la banda del Mono Burgos. Incluso sancionado, se me ocurre que sería esta la mejor manera de concienciar al pueblo sobre la importancia de no recortar en fondos para la investigación científica, al menos mientras no sepamos en qué termina toda esta corriente alternativa de los futbolistas brasileños y sus modernas gafas de lectura.

Luces de Bohemia

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Se presentó el Presidente No Electo ante los medios con una hora de retraso sobre el horario anunciado, como si se tratase de una estrella consagrada del rock o de una novia vestida de blanco, el día de su boda. Sin más preámbulos que una leve disculpa por tan larga espera, Don No Electo anunció el adelanto de las elecciones a la presidencia del club para el final de la presente temporada, y después se ofreció a responder cualquier pregunta que los periodistas tuviesen a bien plantear, al menos presuntamente. Terminada la rueda de prensa, todavía con Xavi Torres echando humo y con Bernat Soler reprimiendo sus ganas de besar a Don No Electo, quién más y quién menos no pudo evitar la sensación de encontrarse al comienzo de la escena segunda de Luces de Bohemia, ya saben: La cueva de Zaratustra en el Pretil de los Consejos

Zaratustra.- ¡No pienses que no te veo, Ladrón!

El gato.- ¡Fu!¡Fu!¡Fu!

El Can.- ¡Guau!

El Loro.- ¡Viva España!

Fue una rueda de prensa que nos trasladó a los tiempos dorados del esperpento y en la que Don No Electo deformó la realidad del club a su antojo, de un modo tan grotesco que incluso la estatua de bronce de Valle-Inclán que finge pasear sonriente por la Plaza de Méndez Núñez, en Pontevedra, pareció enarcar las cejas en varias ocasiones muy sorprendida, quién sabe si de la pura envidia o por lógica indignación. El caso es que Don No Electo habló de un club en el que se convocan elecciones por exceso de acierto en el buen gobierno, una modélica gestión en todos los ámbitos que parece provocar las envidias de los enemigos del club, los de aquí y los de allí, generando una tensión y presión externa que él no está dispuesto a consentir.

– ¡Claudina, mi palo y mi sombrero!

Para él no hay caso FIFA, (“Madama Collet, la desconozco”); no hay caso Zubizarreta, (“córtate las uñas, Claudinita”); no existe caso Messi ni tampoco caso Neymar, (“basta con hacer el ademán. Se juega de boquilla, Maestro”). Y, por supuesto, no hay ni rastro del anterior presidente; el mismo que llegó al club reclamando recibos y dándose fuertes palmadas de honestidad en el pecho, y se marchó dejando demasiadas facturas y algunos contratos denunciados ante la justicia, por algunos de los cuales ya se han abonado multas millonarias a Hacienda; nunca está de más recordarlo.

– ¡No les saque usted de los brazos de Morfeo!

¿Y ahora qué? Los más optimistas descorcharon champán a sable y reclamaron la vuelta del Baratheon, pero todavía está por ver que Laporta pueda presentar el aval de más de 50 millones de euros que exige la aventura. Además, no creo que le merezca la pena, sinceramente. Sabe, por mala experiencia, lo desagradecido y peligroso que resulta el cargo cuando no lo ostenta un amici, y la historia acabará por tratarlo mejor que la actualidad. Don No Electo, por su parte, se sabe con cerca de veinte mil votos del bien arraigado y fiel nuñismo en el bolsillo, y una gran parte del aparato mediático soplando a favor de marea. Si el plano deportivo consigue mantenerse a flote, ya no digo navegando con rumbo fijo y timón firme hacia alguna parte, será muy difícil descabalgar a Don No Electo del trono y, entonces sí, habrá que empezar a llamarlo President Josep María Bartomeu, para desgracia y deshonor de todo lo que un día fuimos, y si es que alguna vez fuimos algo más que un genio ciego desangrado por una cohorte de buitres y aprovechados.

Max.- ¿Qué rumbo consagramos?

Don Latino.- Déjate guiar

Max.- Condúceme a casa

Don Latino.- Tenemos abierta La Buñolería Modernista

Max.- De rodar y beber estoy muerto

Don Latino.- Un café te reintegra

Max.- Hace frío, Latino

Don Latino.- ¡Corre un cierto gris…!

Max.- Préstame tu macferlán.

Don Latino.- ¡Te ha dado un delirio poético!

 ‘Luces de Bohemia’.

#JeSuisCharlie

¿Cómo están ustedes?

LOS PAYASOS DE LA TELE

Como cualquier persona de bien, o al menos eso me gusta creer, yo me enamoré del mundo del circo cuando Televisión Española todavía confiaba en payasos y acróbatas de primer nivel para entretener al espectador, no en tertulianos. Fueron días en los que llegué a perder la cabeza por Teresa Rabal, recuerdo, y mi padre tuvo que ponerse muy serio para convencerme de que todo aquello era un burdo disparate. “¡Podría ser tu madre, desgraciado!”, me dijo, y que ni de broma se iba a perder el único partido televisado del Barça en todo un mes por llevarme, precisamente ese sábado, al recinto ferial de Pontevedra para ver un espectáculo de circo y entregarle un anillo de compromiso a la protagonista, como era mi intención.

Ayer Domingo, sin embargo, y mientras los de Luis Enrique naufragaban sin apenas oleaje en Anoeta, Messi incluido, que es algo así como naufragar en un chiringuito de La Concha con dinero en la cartera, mi padre se entretenía jugando al dominó con otros culés descreídos sin prestar la menor atención al hundimiento, contando fichas y tantos como si no se estuviera acabando el mundo, al menos tal y como lo habíamos conocido. Más tarde, en la cocina, yo me dispuse a tocar fondo de manera definitiva ante el empuje de las tradiciones y el orgullo indestructible de mi madre. No se puede encajar golpe más demoledor, pueden creerme, que una mujer luciendo ante ti una imponente alianza escogida y financiada por tu propia madre, su misma suegra, y que la correspondiente caja venga acompañada de una pegatina rectangular y dorada, para más señas, donde se advierte de la seriedad del asunto en letras pequeñas pero mayúsculas, por si eres más de leer y no te habías percatado del valor real de las piedras: “DIAMANTES”.

“Las vueltas que da al vida, el destino se burla de ti”, dice uno de los versos más celebrados del poeta ourensano José Manuel Domínguez Álvarez, Yosi. A día de hoy, sin ir más lejos, es muy probable que mi padre estuviese dispuesto a pagar por una disculpa como la de mi amor por la protagonista de “Loca por el circo”, y poder evitar así los malos tragos de los partidos, el pobre, sin tener que dar explicación alguna sobre su laxa militancia actual. Por mi parte, sería de gran alivio poder contar con alguien a quién responsabilizar por el affaire del anillo y firmar su despido a mi conveniencia, como quién dice a la carta, del mismo modo en que Josep María Bartomeu ha ejecutado sin honores a Zubizarreta, por cierto que a horas muy intempestivas, las propias de la siestas largas y reparadoras, como si buscase el mayor escarnio posible sobre el decapitado señuelo. El siguiente paso de la directiva, ya lo verán, también está copiado de los payasos de la tele, o al menos sonará muy parecido: “¿Cómo están ustedes? ¿Bien? Pues a tomar por… ¡Barça, Barça, Barça!”.