Realmente jodidos

Sandro-Rosell-junto-al-secreta_54350720866_54028874188_960_639

Artículo publicado en CTXT

Mi señora madre, la cual lleva tantos años empeñada en que no se le note el cargo que parece haber terminado por descubrir el secreto de la eterna juventud, pues sigue pareciendo mi hermana y no necesariamente la mayor, justo me parece apuntarlo, insiste en contar a todo el mundo que, de pequeño, cuando todavía era un ser minúsculo, puro y bien agradecido, calcula, solía distinguirme yo por ser un fiel seguidor del Real Madrid y su causa redentora. En realidad, yo creo que lo dice porque no termina de confiar en que logre alcanzar el obligado infarto de miocardio por mis propios medios y excesos: sin duda, la única herencia segura para todo varón de nuestra familia más allá de la legítima, a la cual hemos visto emigrar en demasiadas ocasiones rumbo a Brasil, incluso antes de saberse herencia.

Habrá quién sostenga que todo termina y empieza en Brasil, hoy en día, en especial si uno es fiel seguidor del fabuloso circo del fútbol profesional, y ha permanecido atento a los nuevos capítulos de esta nueva superproducción conocida ya como ‘El caso Neymar’, con el padre del propio futbolista elevado a la categoría de mito absoluto, para envidia del mismísimo Jason Bourne. Desde la distancia, y un tanto asombrado por la lluvia de millones que la fiscalía ha ido sumando sobre los “cincuenta y siete y punto” declarados por Sandro Rosell en su día, con el gesto serio y la mano tonta en el corazón, me gusta fantasear con la llegada a Brasil de los mismos gitanos que asombraron a Macondo con sus cachivaches y novedades en las ficciones de García Márquez. A veces, incluso llego a imaginar a un carioca grande, negro y sesudo, con el pelo plateado y más de cien años a las espaldas, empeñado en demostrar  al viejo Melquíades que sus lingotes imantados sirven “para desentrañar el oro de la tierra”, como ansiaba Don José Arcadio Buendía cuando los cambió por su mulo y una partida de chivos.

A diferencia de su predecesor y antiguo compañero de pupitre, el cual se marchó dando un portazo y sin ninguna explicación, Josep Maria Bartomeu ya advirtió en su momento que ninguna imputación por delitos fiscales doblegaría su voluntad de servir al club, ¡ni mucho menos! Según su propia visión del asunto, de la vaina si lo prefieren, el hecho de estar imputado resulta la mejor manera de defender su completa inocencia y, de paso, las impolutas gestiones que dieron forma al sueño de arrebatar un amor a Florentino Pérez. Por mi parte, le deseo buena justicia al presidente, todavía no electo. Me parece lo adecuado hacia cualquier persona que deba enfrentar el peso de la ley por sus presuntos delitos, pero sin olvidar que a su lado se sentará el propio club, el Barça entero; con sus miles de socios y sus más de cien años de historia, imputado en varios delitos fiscales por la gestión irresponsable de sus dos últimos mandatarios.

Asegura Martin Amis que no hay nada de malo en estar jodido, de cuando en cuando: “La cosa es no estar jodido muy a menudo. La cosa es no estar jodido en exceso”. Después de escuchar atentamente las explicaciones ofrecidas por el propio Bartomeu, y que se pueden resumir en contubernio centralista y una sombra de pata blanca bajo la puerta, apoyada sobre la habitual mano negra, uno está por asegurar que sí, que ha llegado el momento de reconocer que estamos realmente jodidos como entidad, sin más sutilezas ni medias verdades. Recuerdo el modo en que desembarcó la actual junta directiva en el club: anunciando su firme intención de devolver el gobierno a sus legítimos dueños, los socios, y enarbolando la bandera de la transparencia y la responsabilidad frente a la del champán, embotellado o derramado, y la sexualidad exacerbada de un Joan Laporta que amenazaba con conducirnos de cabeza al infierno. Se parece tales promesas a cierta máquina tragaperras de la que Amis decía que nunca “daba nada, solo brillos y petulancias”, y empiezo a pensar que ojalá tenga razón mi madre y toda esta indignación mía no sea más que supuesto madridismo preescolar mal curado. ¡Qué duda cabe de que sería una gran noticia para el Barça!

Divino

1400692098_extras_mosaico_noticia_1_g_0

Artículo publicado en El País

De ser cierta la existencia de dios, en cualquiera de las variedades ofertadas por el actual mercado de divinidades y falsos ídolos, me pregunto por cuál de los bandos implicados tomaría partido hoy, ese supuesto altísimo, en la batalla por la supervivencia copera prevista para esta noche, a ojos del anciano Calderón. Con varios brasileños fideístas y un croata santurrón bajo nómina, sin duda los nacionalismos más próximos al favor divino que se conocen, como defendió siempre Vázquez Montalbán, uno podría pensar que la providencia estará de nuestro lado. Pero enseguida reparamos en que este Atlético de Madrid, precisamente, cuenta también con su cuota mínima de cariocas y balcánicos; igual de atento Simeone a las santas escrituras de Don Manuel que a las runas, los horóscopos, los huesos de pollo y los posos del café. Nada escapa al control de un técnico voraz, capaz de aprovechar cualquier cábala o casuística para obtener cierta ventaja en sus planteamientos; lo mismo una ascendencia positiva de la luna sobre Piscis que una ofrenda floral de sus defensas centrales a San Alberto Magno, patrón de las ciencias físicas, las químicas y también las exactas.

Lo cierto es que apenas recordaba, ya, aquellos tiempos en que vivíamos pendientes de un regalo divino, incluso federativo, antes de afrontar cualquier envite frente a un Atlético con quién solíamos pelear por la plata, cuando no por un triste diploma. Camino del viejo Calderón, que es la patria de Sabina y suena a coro de Babel, se me escapa un suspiro recordando los días en que ver jugar al Barça era como abrir un libro y encontrar en él todas las respuestas, con buena letra, a las preguntas que nos acechaban la existencia como un fiero central portugués. La tiranía de la pelota y de los buenos jugadores, aquel lugar feliz al que todo el mundo se empeña en decir que no debiéramos tratar de volver; también Joaquín y sus no menos de diez miligramos de alquitrán en la garganta. Temo al Atleti de Sabina, de Koke, de Arda, y de Tallón porque les sobra coraje, literatura y esconden armas de mujer bajo la barba. Me inquietan pese a que todo el mundo sabe que los miércoles nunca llueve y seguro de que, tarde o temprano, aparecerá Leo silbando por el callejón del diez, con las manos en los bolsillos, sembrando el caos en la topera colchonera entre aullidos: “¡Omar!¡Omar!”.

Cuenta el escritor Juan Bonilla, cómo su padre presumía de haber trabado buena amistad durante la mili con Miguel Reina, el mítico portero cordobés. Sin embargo, recuerda el gaditano, su padre celebró con enorme alegría el histórico error de su amigo en aquel disparo lejano de Schwarzebneck, y ante la extrañeza de los presentes, se vio obligado a dar una explicación: “Sería una desgracia que el Atlético ganara la Copa de Europa antes que el Barça”, dijo. Sin duda, resulta todo un alivio haber reducido nuestros temores a poco más que la mismísima ira de los dioses y a los arrebatos, casi divinos, del propio Luis Enrique.