boogienights011

Sucedió lo mismo con el anterior intento de conquistar la Triple Corona, reto gigante y ostentoso ahora vulgarmente conocido como triplete, que es el tipo de palabra a la que uno augura un próspero futuro normativo al amparo de la deriva comercial emprendida por la RAE, de un tiempo a esta parte. Las celebraciones por los títulos primeros quedan supeditados al éxito total de la campaña, que tiene las orejas grandes e implica abrazar a Platini, y no hay manera de arrancar del corazón de los aficionados culés más alegría que la justa, necesaria y relativa por el logro alcanzado tras meses de duro penar por esos campos de la España mariana. Como si en Enero diese alguien un duro por ella…

Recuerdo que a los Reyes Magos, a día seis, les solicitaba el pueblo unos negros voluminosos de carnes gruesas y labios frondosos, de los que despliegan virtudes físicas y derrochan sudor entre zancadas para luego entregar la pelota al compañero más cercano, cuanto antes, no sea que se les note la falta de oficio al segundo toque. Dudábamos de Iniesta, a quién los más sesudos analistas detectaron más arrugas, canas, una pequeña depresión, vegetaciones en los oídos y algo de artritis en las muñecas, incapacitado definitivamente para la alta competición, decían. Giramos el pescuezo y la vista- por añadidura- hacia un mercado alemán de atacantes rubios y golosos, como Marco Reus; nos dejamos engatusar por las inquietudes transalpinas de Ariedo Braida e, incluso, concedimos razón al directivo que filtró la negativa de Andoni Zubizarreta a la contratación del belga Courtois, lo que terminó con sus huesos vascos en la calle, después de la siesta.

En todo esto pensaba yo, a altas horas de la madrugada, en la terraza de un piso MILF y céntrico de Pontevedra en el que acabamos los cuatro de siempre celebrando una nueva Liga con cierto recogimiento, la mitad de los cuales son madridistas pero se apuntan a las celebraciones ajenas por las razones habituales: la aplastante soledad de la derrota, algo de sed, “la propia mujer de uno”… No sé cómo aparecimos allí pero sí que la cosa se puso peligrosa cuando uno de ellos se quitó los pantalones y comenzó a tirar petardos por el pasillo mientras sonaban grandes éxitos de Queen, lo que me recordó por lo patético a la escena de ‘Boogie Nigths donde Dirk Deagler y su colega, Ree Rothchild, se ven envueltos en un tiroteo con un traficante pederasta sobrealimentado con cristal. Solo puedo decir que las señoras eran tan culés como el que más, no admitiré una sola broma al respecto, y la más mayor se empeñó en enseñarnos una foto suya con Guillermo Amor, ni más ni menos, robada a la salida de una discoteca en Barcelona, en sus años de fin de carrera, cuando había gente que salía de casa con una cámara de fotos en el bolso, por si acaso. “En mi piso siempre hay cava catalán”, creo que fue el cebo que nos condujo hasta aquel lugar desenfadado, naturista y con demasiado color rosa en la decoración para mi gusto, ahora que lo recuerdo.

A lo largo de la noche tuve que rendir cuentas a una tal Charito por mi poco afecto y tantas críticas abusivas hacia el entrenador, asturiano de traje y zapatillas, él, casi un Emilio Aragón con mono de Desert Classic. Desde ayer mismo, forma parte Luis Enrique de ese pabellón de ilustres intocables que acumulan más títulos como entrenador al frente del Barça que yo mismo: ahí pongo el listón del respeto absoluto. Yo no sabría señalar aquí qué ha hecho bien este hombre pero es de suponer que sí, que algo habrá hecho aunque no se note demasiado. Hay quién le otorga méritos por el buen tono físico del plantel, por saber jugar mal además de hacerlo bien, e incluso por recuperar para la causa al mejor Leo Messi pues, con los casi cincuenta goles que marcaba el peor Lío, en tiempos del pizzagate, se ve que no bastaban ni para jugar la UEFA.

Emociones contenidas, decía, pues el objetivo blaugrana es triple y la ascensión no ha hecho más que comenzar, apenas alcanzado el primer campo base. Nos quedan otros dos para tocar el cielo y, por el camino, resuenan ya los ecos de algunas voces blancas y palidecidas, quebradas por el desencanto y que nos recuerdan nuestra incapacidad innata para disfrutar del  momento, aún desde la más alta y privilegiada posición. Lo dijo el otro día Gemma Herrero, en la radio, con mejores palabras y esa voz suya tan de película en blanco y negro que yo siempre me la imagino vestida como Katherine Hepburn en ‘Historias de Filadelfia’, no sé por qué. “El aficionado culé sufre. Sufre mucho. Para entenderlo hay que tener ADN azulgrana o haber convivido entre ellos el tiempo suficiente para comprender que no están fingiendo“, declaró. Y sin faltar un ápice a la verdad, en mi opinión, se le olvidó a Gemma un pequeño e importante detalle para el análisis: nadie ha volado tan alto en este país y, el vértigo, como el miedo, es libre, barato y rosa, idéntico al edredón floreado y áspero de la buena de Charito.

“Sé a dónde voy”.

Boogie Nights

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s