Bodas y otros chistes.

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Viendo el espectáculo garabateado este fin de semana por Gerard Piqué y algunos otros supuestos deportistas de élite, entre ellos Feliciano López, me acordaba yo de la boda de un buen amigo mío, hace dos o tres años, y de sus lágrimas rabiosas mientras volaban las sillas y las hostias antes del ceremonial corte de la tarta. No está del todo claro cómo se inició la ya famosa reyerta nupcial pero sí probado que uno de los instigadores fue un primo segundo de su madre, un habitual de las parrandas más violentas y desestructuradas del pueblo, de esas que comienzan un martes por la tarde en el Otilio y terminan en cualquier hospital o comisaría dependiendo de si llueve o no, a mediados de la semana siguiente.

-¿Pero para qué lo invitas, alma cándida, si ya sabes cómo es?, recuerdo que le pregunté con un tono quizás demasiado severo para el regalo que había entregado.

Dijo su madre que ya no bebía, que se lo tenía prohibido el médico, me contestó totalmente perplejo, con toda la sinceridad y buena fe disponibles en tan desalentadores momentos.

Se quejan muchos aficionados, entre ellos Feliciano López, del carácter provocador de Gerard Piqué y sus constantes salidas de tono, como esperando a que el central se caiga de un caballo o de un escenario musical, como San Pablo o Yosi, el de Los Suaves, en cualquier momento, y se levante reformado y dando gracias a dios, al Real Madrid y a España por cada día de su nueva y decorosa vida. Se quejan muchos otros con diferentes bufandas enroscadas en el cerebro- no resulta muy difícil distinguirlos si uno se fija un poco en los detalles- de que los chistecitos del central catalán sean tan mal digeridos y posteriormente vomitados por sus principales destinatarios, viudas y demás familia. Es el cuento de nunca acabar y un despropósito general que daría muy buenos guiones y mejores películas de seguir vivo mi tocayo Azcona y aquel otro señor de Valencia, no recuerdo cómo se llamaba.

No seré yo el que niegue que me resultan muy entretenidos, incluso diría que estimulantes, este tipo de lances y barullos ajenos. A día de hoy, por ejemplo, mantengo la misma opinión acerca de la famosa pelea en la boda de mi amigo, aunque sé que tanto a él como a su ex mujer les parece desagradable que me pronuncie sobre el asunto con tanta sinceridad y en estos términos pero fue divertida e inolvidable; yo no sé qué más le puede pedir a un mero trámite. Y es que en la vida, si algo he aprendido sobre ella y me gusta pensar que sí, aunque me equivoque, debemos afrontar momentos duros y trances inevitables por más filosofía, ciencia matemática y buen talante que apliquemos, pero hay otros muchos que simplemente nos los buscamos sin más, la mayoría por no atender a los antecedentes y obviar las señales luminosas que nos advierten del peligro. Le sucedió a mi amigo y le sucede a todos los que todavía dan alguna importancia a lo que diga Gerard Piqué, entre ellos Feliciano López, quien parece que también en twitter se ha quedado estancado en aceptable cañonero con cierta tendencia a subir a la red sin pensar demasiado en las consecuencias: ojalá me invite a su segunda boda.

 

Foto publicada en tercerequipo.com