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Cuentan algunos perfiles y biografías bien documentadas que el ministro Fernández Díaz sufrió una revelación y abrazó la fe sin reservas tras caerse de un caballo en Las Vegas, durante un viaje a los EE.UU organizado por el Departamento de Estado norteamericano; como San Agustín pero con gorro de cowboy y espuelas de plata, es un suponer. Recuerda su caso al del mítico Gustau Biosca, aquel capitán moreno y esbelto del Barça de las Cinco Copas que enamoró a la mismísima Lola Flores y que, en su época como entrenador del Pontevedra C.F, al menos eso cuenta la leyenda de la Boa Vila, terminó una noche de parranda arrodillado bajo la lluvia fina de la Zona Vella, renegando de los placeres de la carne y la buena mesa para emprender, como el ministro, el camino de la redención y la santidad a través del trabajo.

A Fernández Díaz, indignado por la adhesión de otro mito del barcelonismo a cierta lista electoral que al parecer no comparte, declaró ayer muy pancho y con esa cara suya de obispo aniquilador y bonachón que utiliza para las grandes sentencias, (ya sea sobre inmigrantes-gotera, homosexuales que no garantizan la pervivencia de la especie, o el aborto terrorista y pro-etarra), que no es de recibo entrenar al Bayern de Munich e involucrarse en la política, y acusó al noi de Santpedor de vivir entregado al “Dios dinero” que para los despistados, ya lo aclaro yo, no es el mismo que exige el pago del diezmo a sus fieles más devotos, no.

Curioso personaje el ministro Fernández, sin duda. Buen cliente del restaurante La Camarga, al parecer, y a quién sus adversarios políticos, en aquellos días de luchas internas en el seno del PP catalán, conocían las intenciones a base de sobornar a una pitonisa que visitaba con cierta frecuencia, al menos antes del incidente redentor del caballo, en el estado de Nevada. Como Delegado de Trabajo en Barcelona demostró su inquebrantable apoyo a la familia tradicional española y, en el mismo edificio de la Vía Laietana, colocó a uno de sus hermanos, a dos hermanas, tres cuñadas e incluso a la propia esposa, en una demostración que bien pudo haber hecho llorar, emocionado, al mismísimo niño Jesús aunque este extremo no ha sido posible confirmarlo.

Hijo de militar ascendido por el Caudillo, nacido durante la Semana Santa de 1950 en Valladolid, devoto de la Virgen de Fátima, de la Pilarica y de las aguas medicinales del valle de Alhama, el ministro Fernández va camino de convertirse en uno de los grandes referentes de las hemerotecas nacionales e ídolo máximo de las redes sociales donde, cada poco tiempo, uno puede echar la mañana bromeando sobre sus excesos y defectos, tantos que bien podría @jack concederle un hashtag permanente y honorífico, e incluso otorgarle la titularidad de la cuenta @diostuitero. Hablando de dioses y de dinero, no me quiero olvidar de un último y curioso detalle: su madre vive en una residencia de Fitero que en su día acogió a Gustavo Adolfo Becquer, como diría mi admirado Iosu de la Torre: “el poeta de los billetes de cien pesetas”. Animaliño…

 

Foto publicada por espiaenelcongreso.com

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